SummerTime II

Cuando perrete se acerca por las mañanas a darme un beso en la espalda, deja que note su erección en mi culo. Normalmente tengo un despertar lento, él juguetea conmigo, me zarandea hasta que me despierto.

En  muchas ocasiones me es imposible no estrangularlo y sí, es literal. A veces le estrangulo con mis manos, otras me gusta hacerlo con un cinturón suyo a modo de correa.

Ajusto el cinturón a su cuello y con lo que sobra le sujeto, la correa me sirve para tirar y hacer presión sobre su cuello o dirigirle hacia mi coñito para que tome su desayuno. Perrete me trae mi orgasmo mañanero y acto seguido mi café. Cuando lo hago con las manos aprieto hasta que él me da un pequeño pellizco en el muslo a modo de “señal de seguridad”, creo que es de las pocas cosas que me llevan a veces a perder el control durante el orgasmo, por eso la colaboración de perrete en este caso es fundamental. Mola como se deja hacer con total tranquilidad, siempre dice,

– Me fio plenamente de ti, I. Por eso estoy tan tranquilo. Y además es cuando lo disfruto plenamente. Me dejo llevar

Como os decía el otro día, el verano con perrete ha sido de lo más sorprendente, se ha dejado llevar y hacer por mí como nunca, para mi sorpresa. No ha faltado cada día mi masaje de pies, ni mi helado de chocolate Negro. Perrete siempre sabe como cuidarme con 2 o 3 detallitos que me gustan.

Después de comer, él se queda fregando los cacharros y recogiendo la cocina mientras yo me tumbo en el sofá, al ratito viene con mi café solo, bien cargado y mi helado de chocolate negro. Es curioso como ya no se lo tengo que pedir, él lo trae.

Normalmente para él no hay helado, solo para mi, pero a veces me pide.

-Amita, me das un poco?

Y como soy buena, le pongo un poco en mis dedos, chupa con avidez mis dedos y mi mano, a veces le meto media mano en la boca hasta q le dan arcadas…la última vez me acojoné y le dije,

– Como se te ocurra vomitar te tragas el vómito de vuelta jijijiji

Otras, simple y llanamente, pongo el chocolate en mi coñito y a comer, lo devora como si no hubiera un mañana, luego le doy el vaso para que lo rebañe con la lengua.

El mar también ha sido testigo de mis fechorías, (ohhh siempre que escribo esta palabra me acuerdo de tonterías mías). Lo que más me gusta, es como perrete se preocupa por mí en el agua, se encarga de esperarme, llevarme a lo hondo y jugar conmigo en las olas, mola mucho y es una muestra de sumisión tremenda.

Ahora bien, lo que más me gusta es ahogarle hasta el fondo y pisarle la cabeza contra la arena, ahí le “surfeo” durante un rato hasta que me caigo o él me pellizca o me tira para subirse.

Me gusta jugar con él en el agua como si fuéramos niños, después de una paliza de horas surfeando olas y perrete, me encaramo a su cuerpo y nos movemos como si fuéramos una barquita y cuando ya estamos en el momento más romántico de la tarde, zassss escupitajo! jajajaja, perrete siempre me dice que escupo como los niños, como si tuviera un aspersor…volvemos al momento romantico de balanceo, yo encima de él a horcajadas, como una barquita y zas.

-Amor notas calor en la tripa??? jijijij

-Me estás meando!!!!

 

Continuará…

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SummerTime

El año ha sido raro, pero el verano más. Supongo que para todos. En mi caso diré que hace ya muuuuuchos años que no disfruto de vacaciones en Julio y Agosto. Este año con toda su excepcionalidad los he disfrutado. He pasado el verano en una casita alejada de la gran ciudad. En este tiempo he recibido la visita de un viejo perrete.

Nunca tuve intención de volver a jugar con él pero si estás tumbada en tu sofá con una camisetilla de tirantes y la braguita del bikini y se te arrodilla a los pies del sofá y te mira con carilla de perrillo degollado, ¿quién puede resistirse?

Empezó masajeando mis pies, era un masaje tranquilo y pausado, sus manos se enredaban entre cada uno de los dedos de mis pies. Fue subiendo por mis piernas, lamiendo cada centímetro de mi piel, siguió subiendo hasta mis axilas que devoró con avidez, resistí como pude a esa multitud de placeres orgásmicos hasta que llevé mi mano por debajo de la braguita para traerme a mi misma mi merecido orgasmo.

Como os digo ha sido raro y tan raro que tuve a este perrillo unos días en casa, así que podríamos decir que nuestra semana se convirtió en una sesión continua. Así que por la noche, estando en la cama,  mi perrito empezó a incordiarme y le ordené que bajara al suelo y se arrodillara a los pies de la cama en posición sumisa y hete aquí que me pasó lo que no me ha pasado jamás, me quedé dormida con el perrete en el suelo!!! No sé cuánto tiempo estuve dormida, pero por los comentarios de perrete debió ser un rato.
– Jo, Amita, pensaba que me iba a tocar estar toda la noche aquí durmiendo, roncabas y todo!
jajajjaa, no podía salir de mi asombro, pero reconozco que me moló esto de dejarme llevar hasta el punto de quedarme frita. Perrete solicitó subir a la cama, a lo que le sugerí que como buen perrete tenía que corretear alrededor de la cama y olisquear mis pies, coñito y proporcionarme placer, algo que hizo bien. Ha mejorado mucho, menos mal!
Dormimos placenteramente hasta la mañana, temprano, perrete me despertó metido bajo las sábanas lamiendo mis pies.
-Perrete, qué haces! no me despiertes.
– Amita he estado en el trastero, hay cosas muy chulas ahí, encierrame atado allí.
Perrete pasó los días solicitando ser encerrado, atado y amordazado en el trastero que no sucedió. Le até  a la reja de la ventana con una U de bicicleta y a la escalera de la piscina un poquito, no todo lo que me habría gustado. Me entró una especie de paranoia, pensaba que no podría abrirla y me vería con una radial cortandola para liberar a perrete. Lo que sí hice muchas veces fue pisarle la cabeza bajo el agua mmmm.
Era curioso el poder ejercicio en perrete cada vez que en el patio y tras, creo, la atenta mirada de mi vecino de al lado, le ordenaba que se pusiera a mis pies. Le decía, ¿quieres que haga magia? A mis pies! automáticamente su erección se hacía patente. En el patio yo ocupaba la tumbona y él, el suelo a los pies de ésta, la luz de mi vecino estaba encendida, pero no pude resistirme a esa comida de coñito en la tumbona.
Vuestro verano cómo ha ido?
Continuará
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El Sueño – Fin

Por sumiso servus

  • Mira, es muy sencillo. Ya te han enseñado el sótano, donde está la lavandería. En la planta baja está el salón, la cocina y un cuarto de baño. – dijo encendiendo con un interruptor la luz en un salón-comedor muy grande.

Como arquitecto y amante de la decoración no pude evitar fijarme en los detalles. La casa estaba repleta de muebles rústicos de estilo antiguo que le daban un aire hogareño y cálido a la casa. El salón mostraba unos bonitos cortinajes y el papel de la pared con estampados conjuntaba muy bien con la gran chimenea que ocupaba un lado de la habitación. 

  • Ahora que hace frío ponemos la chimenea a veces aunque ya te habrás percatado que tenemos calefacción central. Tendrás que estar listo por si la encendemos y limpiar las cenizas después.
  • Sí, Señora.
  • Mañana te daremos todos tus enseres de limpieza. Ahora vamos a la planta superior.

Subiendo las escalera me quedé hipnotizado viendo el movimiento del trasero perfecto de Ama Rebeca. Ese día vino directamente del trabajo que sería seguramente de oficina ya que llevaba una blusa blanca con transparencias y un traje azul marino con una falda de tubo que le quedaba de escándalo. Había rematado el conjunto con unos zapatos de tacón alto que me volvían loco. Tuvo que darse cuenta de mi embeleso ya que al subir a la planta de arriba se giró y riéndose me soltó un: “Anda no mires tanto…”. Pero yo no podía evitarlo, tenía mi libido al máximo.

La planta superior consistía en un dormitorio grande donde dormían ellas, un dormitorio pequeño para “invitados de verdad” (según sus propias palabras) y un despacho donde había una mesa de oficina con un ordenador portátil y estanterías con toda clase de libros. Un cuarto de baño de tamaño considerable completaba la planta. Me llamó la atención la bañera de estilo antiguo que ocupa el centro del cuarto, de un blanco resplandeciente. En toda la casa se respiraba feminidad.

Para acabar, la planta de la buhardilla había sido acondicionado como un pequeño gimnasio con una cinta para correr, una bicicleta elíptica, una bicicleta estática y algunas pesas. Las maquinas daban directamente a unas grandes ventanas desde las que se divisaba un parque cercano. Estaba claro que las vistas eran magníficas. 

La última habitación fue la que más llamó mi atención. El estudio de Ama Paula ocupaba la segunda mitad de la buhardilla de altos techos. Era una habitación completamente hecha de madera que apenas poseía muebles a parte de un armario que contenía pinturas y un espacio junto a las ventanas ocupado por un caballete y un pequeño taburete, exactamente igual a los que ahora ocupaban mi antiguo estudio. Al entrar en aquella habitación me pareció sentir la energía de su propietaria.

  • Bueno, aquí no entres si no te da permiso expreso. Ya ves que no está cerrada pero no creo que le haga mucha gracia verte por aquí dando vueltas…aunque estés limpiando.

Me tuve que quedar un poco confuso porque Ama Rebeca, que con tacones era más alta que yo, me tomó por el mentón con sus preciosos dedos con manicura roja y me hizo mirarla a los ojos.

  • Te habrás dado cuenta que Paula es más dura ¿no? Bueno, somos diferentes, yo soy mayor y me lo tomo todo con más calma aunque no creas que voy a ser blanda contigo.
  • No, Señora, lo entiendo.
  • Tienes una gran oportunidad entre las manos. Eres el primer sumiso que entra aquí desde hace mucho tiempo y no debes desperdiciarla. Te recomiendo que tengas mucho cuidado con Paula. Con el tiempo descubrirás que es muy amante de los castigos corporales ¿eres masoquista? Sé sincero.

Esa pregunta me descolocó. Al fin y al cabo parecía que no sabían tanto de mí como pensaba.

  • La verdad es que no, Señora.
  • Bueno, pues tendrás que aguantar. No va a ser todo coser y cantar. Seguro que puedes soportar unos latigazos…

En ese momento tragué saliva. A pesar de todo no había contado con aquella posibilidad pero pensé que si me aplicaba y lo hacía todo bien no me iba a ocurrir nada.

Después de terminar el tour por la casa me llevó hasta su despacho y me ordenó que me sentara en el suelo frente a Ella. Aquí es donde se notó un poco más su lado humano que tenía a diferencia de su pareja ya que comenzó a hacerme preguntas y acabamos hablando sobre mí. Le conté mi nula experiencia, mis expectativas y mi total entrega a Ellas. Parece que esto le gustó porque pareció muy satisfecha. Me comentó que Ellas era, en efecto, pareja y que se conocían desde hacía unos pocos años pero habían congeniado tan bien que se habían ido a vivir juntas a una casa heredada por Ella. En principio ambas eran lesbianas aunque tenían algunos escarceos heterosexuales permitidos dentro de su relación abierta. “Un cunnilingus de un sumiso no cuenta. Sois como…como objetos sexuales.”

Quería que me sintiera a gusto, al fin y al cabo todo aquello lo hacía por mi voluntad. Me dijo que si tenía algún comentario antes de que empezara mi trabajo allí aquel era el momento para hacerla.

  • Me ha parecido un poco raro que Ama Paula me haya quitado el móvil y las llaves.

Por un momento me pareció ver por primera vez una chispa de rabia en la mirada de Ama Rebeca pero ésta desapareció por una de sus maravillosas sonrisas.

  • Verás, Servus, lo del móvil es para que no te hartes a hacer fotos de nuestra ropa interior u otros. Y respecto a lo de las llaves…¿crees que dejamos a cualquiera entrar en nuestra casa así como así?¿Y si fueras un ladrón?
  • Entiendo, Señora.

¿Cómo iba a escapar con mi botín de aquella casi sin ropa? Por no hablar del control remoto que llevaba en mi pene…

  • Como ya te hemos dicho anteriormente: déjate llevar y no pienses. Ese no es tu cometido, nosotras ya lo haremos por ti. Tú concéntrate en servirnos a la perfección. Y si no lo haces atente a las consecuencias… – No había alterado ni un ápice su sonrisa con aquella amenaza.

Tras unos instantes comenzó a subirse la falda mostrando su desnudez, no llevaba ropa interior. En ese momento tiró de la cadena hacia Ella.

  • Vamos, métete aquí dentro. Puede que pases mucho tiempo debajo de la mesa. – dijo juguetona.

Sintiendo cierto estrangulamiento me dejé hacer y a cuatro patas terminé acuclillado bajo la mesa del estudio, totalmente oculto, entre sus piernas y notando en mis mejillas sus ardientes muslos. La conversación había terminado en sexo…para Ella…porque mi miembro enjaulado parecía que iba a reventar. Empecé a satisfacerla lo mejor que pude, aparentemente nuestra conversación la había excitado de sobre manera y todo abajo estaba ya húmedo. Al rato noté como su respiración se aceleraba y apretaba con fuerza mi cabeza entre sus piernas. En algunos momentos me sentí desfallecer pues aunque la mesa del despacho era grande, aquel era poco espacio para una persona como yo y apenas podía respirar embriagado por sus olores. Con cada intento mío por tomar aire Ella parecía insistir más y más. Cuando más concentrado estaba noté un cosquilleo en mi miembro que empezó a aumentar hasta volverse regular ¡Había activado el modo masaje de aquel trasto infernal! No sé si lo hizo para darme algún tipo de placer a cambio pero aquello lo único que hizo fue que mi miembro intentara con más insistencia crecer infructuosamente dentro de su jaula y me llegó a producir tantas molestias que se me escapaba algún gruñido entre sorbo y chupeteo ¿También la excitaba a Ella verme sufrir o acaso era la sensación de control? Posiblemente ambas cosas.ç

Para cuando paró yo ya había perdido la erección y, mientras se bajaba la falda y me indicaba que bajara a la cocina, pude respirar exhausto y bañado en sudor y flujos. Aquello había sido muy intenso, mucho más de lo que esperaba.

Una vez me hube aseado un poco con un poco de rollo de papel de la cocina volvió a aparecer en escena Ama Paula.

  • Nos vamos a duchar ¿Por qué no nos preparas un par de ensaladas? Tienes todo lo que necesitas en la nevera y en estos cajones. – dijo señalando un mueble – Cenamos aquí en la cocina. Cuando termines déjalo todo sobre la mesa y puedes retirarte por hoy.
  • Perdone, Ama Paula…

Ama Paula que ya se había dado la vuelta, se giró y me dirigió una mirada de enfado.

  • Por esta vez pase pero ni se te ocurra volver a hablar si no se te ha preguntado antes. Este fin de semana eres un muebles más y tienes que pasar desapercibido ¿Has entendido?
  • Sí, Señora.
  • Venga ¿Qué quieres?
  • Tengo algo de hambre ¿Puedo prepararme cena para mí también?

Ama Paula soltó una carcajada malévola como nunca había oído en mujer alguna y dándose la vuelta continuó su camino hacia la escalera de la planta superior. Estaba claro que aquella noche iba a ayunar.

Tras preparar las ensaladas lo mejor que pude, puse la mesa y apagué la luz de la sala. Crucé el pasillo haciendo el mínimo ruido y comencé a bajar las escaleras. Una vez en el que sería mi cuarto aproveché para lavarme un poco la cara y el pelo. Allí no había ventanas pero por unos pequeños tragaluces superiores que estaban a ras de suelo pude comprobar que era de noche.

Me quedé tumbado boca arriba en el camastro comprobando con satisfacción que no era tan incómodo como creía aunque como pensaba, aquella noche me iba a costar pegar ojo por la excitación y por el nuevo cinturón de castidad. Decidí tomar un poco de agua del grifo y dormir hasta el día siguiente boca arriba que sería la mejor postura. 

Me asaltaban muchas dudas ahora que había entrado en la casa y estaba conociendo realmente a las que podrían ser mis dueñas. Estaba conociendo una faceta sádica que me aterraba a priori y empezaba a dudar si sería capaz de aguantar los castigos corporales que amenazaban con aplicar. Pero sin duda no me rendiría tan pronto ante un pequeño inconveniente. Quería salir de allí el domingo con la cabeza bien alta (o baja) como sumiso.

Ya con la luz apagada estaba medio dormido en el camastro cuando vi por el rabillo del ojo como se encendía la luz de la escalera y unos pasos de alguien en zapatillas de andar por casa se acercaban a mí. Al encender la luz de mi celda me giré hacia el lado medio dormido para descubrir a Ama Rebeca en un saltó de cama negro con ribetes rojos, muy sexy. La lencería resaltaba sus abundantes pechos que parecían estallar. Se puso un dedo en los labios indicándome silencio y se acercó. Recogió algo del suelo bajo el camastro y pronto noté el frío del metal de una argolla que se cerraba en mi tobillo izquierdo.

  • Es para sentirnos seguras, sabes…no queremos que haya ninguna sorpresa. Imagínate que te da por subir arriba por la noche. No lo podemos permitir. Anda, duérmete que mañana tendrás trabajo. – dijo acariciando mi cara.

Al quedarme a oscuras y oír como se alejaban sus pasos subiendo la escalera comprendí que me había dejado atrapar y sentí miedo: estaba realmente en poder de aquellas Mujeres.

FIN

Capítulo 1

Quiero agradecer a sumiso servus este magnífico relato…

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El Sueño VII

Por sumiso servus

Por fin me encontraba en la puerta de la casa de ladrillos rojos con la tarjeta que días antes me había entregado Ama Rebeca. Aquella tenía que ser la casa donde vivían.

Me puse firme, respiré profundamente y pulsé el telefonillo de entrada. Mi reloj de pulsera marcaba las seis en punto de la tarde. En unos segundos la puerta exterior se abrió de forma remota y entré en los terrenos. Seguramente me habían visto por la cámara, no había habido ni pregunta ni respuesta.

Una vez dentro cerré la puerta exterior y contemplé por unos instantes los alrededores. Una cerca de unos dos metros y medio, también de ladrillo rojo, cercaba un espacio ajardinado con un par de árboles en las esquinas, algunos arbusto y césped. Justo en el centro se encontraba una coqueta casa de dos plantas y buhardilla. Seguramente también tuviera sótano.

Aunque la planta no era muy grande, si que parecía poder albergar al menos tres habitaciones. El edificio era, como ya he comentado, de estilo inglés, rematado en un tejado a dos aguas algo pronunciado. Dos chimeneas aparecían a los lados aportando una apariencia de simetría. La casa tenía además un gran frontón central no muy lujoso y unas ventanas de grandes dimensiones, verticales, que estaban cubiertas por cortinas de época que apenas dejaban adivinar el interior.

Con paso firme me acerqué a la puerta principal pisando el camino de grava y produciendo el característico ruido de piedrecitas esparciéndose. En cuanto llegué a la puerta esperé pacientemente, no había timbre y no pensaba tocar la aldaba. Quería ser lo más discreto posible.

Pasados unos instantes se abrió el portalón y una voz femenina me indicó que entrara. Al cerrarse la puerta tras de mí vi a Ama Paula que en un chandal de marca de color rosa echaba el pestillo principal.

  • Bien, has sido puntual. – dijo echándome un vistazo – ¿Qué es eso que llevas? – Señaló una pequeña mochila que llevaba a la espalda.
  • Perdone, Señora. Sólo son mis llaves, la cartera y el móvil.

En ese momento ella sonrió de forma enigmática e movió el dedo índice negando.

  • Vamos, quítate la ropa y métela dentro de tu mochila.

La obedecí al instante y mientras me quitaba el atuendo casual que llevaba de pantalones chinos marrones y camisa a cuadros observé la entrada de la casa que no tenía nada de particular. A la izquierda había una escalera que subía directamente a las plantas superiores mientras que a la derecha había un recibidor y un pasillo que llevaba hasta un comedor que se veía al fondo. Algunos reproducciones de maestros impresionistas colgaban de las paredes.

Una vez hube metido toda mi ropa en la mochila Ama Paula me la arrancó de las manos.

  • Esto te lo devolveremos el domingo por la tarde. Nada de móvil ni distracciones en casa.

Yo me quedé un poco conmocionado por esto pero acerté a comentar que también había traído el cuaderno rojo que me había regalado Ama Rebeca. Rebuscando en la mochila a regañadientes lo sacó junto con un bolígrafo y lo colocó encima de la escalera para a continuación darse la vuelta y avanzar por el pasillo hasta la puerta de un armario donde depósito mi mochila y cerró con una de las llaves que le colgaban del cuello. Al volver se quedó ante mí plantada y sonriendo tomó mi cabeza  tirando hacia abajo me dio a entender que me arrodillara, cosa que hice al instante.

  • Así está mejor. – dijo al ver que ahora era Ella la que me miraba con superioridad desde arriba – Vamos, saluda como es debido.

Sin dudarlo me incliné y besé sus zapatillas blancas de deporte.

  • Espera aquí un momento, ahora mismo vengo.

Me quedé de rodillas mirando a la moqueta verde que cubría toda la planta de la casa, en la entrada. Al poco volvió y sentí, sin atreverme a levantar la cabeza, como me ataba un collar al cuello. A continuación enganchó una correa metálica de eslabones y me ordenó levantarme.

  • Primero te voy a enseñar la habitación de invitados. – dijo jocosamente

Al pasar por delante de un espejo, a medida que avanzábamos por el pasillo, me vi reflejado en un espejo y vi que me había colocado un sencillo collar negra sin placa. Después fui informado de que sería mi collar de prueba durante el fin de semana. Llegamos a otra puerta y comenzamos a bajar unas escaleras. Aquí y en todo el sótano que apareció las paredes mostraban los ladrillos, no tenían ni decoración ni mucho menos el papel pintado que adornaban la planta baja. El sótano se dividía en dos habitaciones sin puertas y varios armarios empotrados. Ama Paula me mostró la habitación de la derecha que era la lavandería: una lavadora, secadora, tabla de planchado y cuerdas para secar la ropa. A la izquierda se encontraba la que sería mi habitación durante el fin de semana.

Decir que la habitación era espartana sería decir poco pero al final resultó no estar tan ma: una especie de celda sin barrotes. En una esquina había un plato de ducha sencillo pero con agua fría y caliente, cerrado por una cortina. Junto a él y sin separación con el resto de la celda había un lavamanos y una taza del wáter. Por último, una sencilla cama individual de 90 cm. Sin sábanas pero con una manta recia sobre el colchón. Es verdad que en el sótano la calefacción era más débil que en el resto de la casa pero esperaba no pasar frío.

  • ¿Qué? ¿Te gusta tu habitación?
  • Gracias, Señora. Es muy bonita.
  • Seguro… – dijo sin creerme – El paraíso de un esclavo fetichista. – Me pregunté si ella creía que yo era justamente eso…

La verdad es que me sorprendió el sótano, no sé por qué esperaba una especie de mazmorra con la típica cruz de San Andrés…malditas fantasías fetichistas…aquello era un sótano “casi normal”. Tras quitarme la correa me dejó en la habitación un instante y volvió del pasillo con la típica pastilla de jabón en la mano.

  • Ahora voy a quitarte el cinturón de castidad y quiero que te limpies tu “micropolla” bien con esto. Sécate con esa toalla.

¡El cinturón de castidad! Con toda la excitación de la llegada a la casa y el miedo de meter la pata casi ni me acordaba de aquel artilugio que me había tenido en vela toda la semana y que me mantenía hiperexcitado en castidad.

Tras haberme liberado y bajo su atenta mirada entré en la ducha y me limpié a conciencia. Antes de ir a la casa ya me había duchado pero es verdad que con el cinturón no podía limpiarme del todo mis partes pudientes. Fue un placer sentir el agua templada pero tuve cuidado de no tardar mucho para no impacientarla. Ya no tenía reloj así que allí abajo no sabría que hora era.

  • Venga, ven aquí. – dijo señalando el suelo justo antes de ella.

Pronto iba a averiguar que deseaba más de mí. 

  • Rebeca es una amante de la tecnología y los trastos tecnológicos – dijo mientras me rociaba con el spray que me atontaba el miembro y sacaba unos electrodos que me colocaba a ambos lados de mi ya flácido pene.

De estos electrodos salían dos fuertes cables de color violeta que a su vez pasaban perfectamente por la funda de un nuevo cinturón de castidad que me colocó. Una vez estuve encerrado de nuevo y con los cables saliendo de la parte trasera de la funda, sacó de una bolsa una especie de cinturón negro con una caja negra que me ató a la cintura y, que conectó a los cables. Para terminar, me puso un candado pequeño que cerró con una de las llaves de su colgante.

  • Te estarás preguntando qué son todos estos aparatos…bueno, tú preocúpate que no se te caigan y no te lo quites ni para dormir…es resistente al agua, no te preocupes…al principio te parecerá un poco incómodo pero te acostumbrarás…todos los hacen. – dijo mientras me pillaba mirando mi nuevo cinturón de castidad.
  • Vamos, no te quedes mirando como un tonto ¿Ves? – dijo sacando el móvil y enseñándome una aplicación también de color violeta – Esto servirá para que nosotras te corrijamos cada vez que te equivoques, es la mar de útil y al final seguro que lo disfrutas.

Con el tiempo sabría que se trataba de un juguete diabólico llamado Lover-2000 consistente en un aparato que proporciona leves vibraciones o descargas a distancia, controlado por una aplicación móvil. Un juguete caro que se podía convertir en una herramienta útil en manos de la domadora adecuada.

  • Espera que quiero probarlo – dijo pulsando unos botones y terminando por mirarme a los ojos.

En ese momento recibí una descarga que me hizo ver las estrellas y contrayéndome, puse automáticamente mis manos sobre el cinturón de castidad. Recibí un tortazo que me aturdió, empecé a conocer el verdadero lado sádico de Ama Paula, si es que no lo había sentido antes…

  • ¡No te toques!

De un tirón de la correa que me había vuelto a enganchar tiró de mi y me llevó al piso superior hasta la cocina que era espaciosa y bastante moderna. Una mesa grande ocupa el espacio central y sentándose en un taburete me ordenó arrodillarme frente a ella. Fue en ese momento cuando llegó Ama Rebeca y abrazándola por detrás, le dio un pico a Ama Paula.

  • Ya tenemos aquí a nuestro gusanito, por lo que veo. – Volví a sentir orgullo y cariño cuando me revolvió el pelo como a una mascota.
  • Ya lo he dejado listo. Tal y como me pediste. Funciona perfectamente.
  • ¡Qué bien! – dijo Ama Rebeca con una sonrisa – ¿Le has explicado en qué va a consistir el fin de semana?

Aprovecharon ese momento para explicarme en qué consistiría mi rutina aquellos dos días. Me quedaría a dormir con ellas (es un decir) viernes y sábado. El domingo se me evaluaría finalmente y la semana que viene decidirían si he superado o no la prueba. El fin de semana tendría que realizar las tareas de la casa que me fueran ordenando aunque en general consistía en pasar la aspiradora, poner lavadoras, limpiar el polvo e incluso preparar la comida. Mañana me encontraría una lista con todos los quehaceres en la cocina que a partir de ahora sería mi reino.

No puedo evitar pensar que me decepcionó un poco que no se incluyera ninguna actividad de índole sexual en mi desempeño aunque guardaba la esperanza que algo ocurriera antes o después pues mi excitación estaba llegando a niveles altísimos. Sabía que nunca podría tener relaciones con ninguna de mis Amas pero ansiaba poder desahogarme de alguna forma tras cinco días en castidad. Entendedme, cinco días en castidad son muchos días para un “pajillero” acostumbrado a masturbarse a diarios varias veces. Pero mis orgasmos ya no me pertenecían, y eso lo iba a aprender a golpe de fusta. Decidí intentar seguir sus órdenes al pie de la letra y hacerlo lo mejor posible. 

  • Dormirás y te asearás abajo. Sólo entrarás en los dormitorios y cuartos de bajo de arriba para limpiar y ordenar, y cuidado, tenemos cámaras. No quiero que curiosees. – dijo Ama Paula mirando de reojo.
  • Tranquila Paula, seguro que lo hace muy bien ¿Verdad, gusano?
  • Sí, Ama.  – dije mirando al suelo
  • Así me gusta – dijo Ama Rebeca – Tienes que demostrarnos de qué pasta estás hecho. Ahora te vienes conmigo que voy a enseñarte el resto de la casa para que no te pierdas mañana ji, ji, ji. Vas a tener un día muuuuuuuy ajetreado. – Terminó guiñándome un ojo y dándome un leve tirón de la correa mientras todavía me estaba incorporando.

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

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