Amanece que no es poco.

La despierta un pequeño rayo de luz que entra por una rendija de la persiana, abre los ojos lentamente y mira a su alrededor. Bragas, sujetador, calzoncillos, calcetines, medias, un tacón…la resaca de una noche de boleros. A su derecha está él, duerme boca arriba plácidamente.

Ella se incorpora y posa en su cara un pecho, dibuja sus labios con el pezón, él emite un leve sonido y saca una sonrisa. Abre la boca para sacar la lengua y lamer su pezón. En ese mismo instante nota un hilillo de saliva que cae desde arriba. En una postura no muy cómoda consigue que su pecho sea una especie de tobogán por donde baja la saliva hasta su boca.

Su erección empieza a ser palpable, ella se escurre entre las sabanas y le proporciona una felación.

.- I… me voy.

.- No querido, antes has de hacer el desayuno.

0

Más cosas

Podría decir que no estoy en mi mejor momento, a veces la vida te pega unas hostias que te deja temblando. Es en estos momentos es en los que más recapacito y pienso que hoy estás aquí y mañana vete tú a saber. Bueno que no quiero aburrir con mis miserias.

Es cierto que cuando no paso buenos momentos, es en los que pienso que la vida son dos días y qué coño! voy a disfrutar hasta morir.

Quería seguir contado algunas de mis “taras”. Es por todos sabido que me encanta escupir, no sabéis la satisfacción que me da estar ahí charlando con un perrete tranquilamente y de repente escupirle. O sentada sobre su cara dejar caer un hilillo de saliva y que él lo espere con la boca abierta.

6048604-0-320x240

Otra de las cosas que más me gusta es estar sentada encima de mi perro a horcajadas mientras me lo follo y cuando voy a tener un orgasmo apretar su cuello. No os podéis ni imaginar que sensación de placer. A veces me da miedo porque cuando tengo un orgasmo no mido. Imaginad si se me queda tieso el perrete!

¿Qué más? ahh sí, desnudar al perrete de cintura para abajo y subir su camiseta  hasta tapar su cara pero sin sacarla del cuello, entonces atarle las manos por encima de su cabeza y pasar un hielo por su cuerpo, pellizcarle los pezones o morderselos.

¿Quién se anima a jugar?

 

0

1er Round

Quedamos para tomar un café en una terraza, la verdad es que el tipo este me empezaba a cansar un poco, no sé si tenía, miedo o qué, pero nunca conseguíamos cerrar una tarde de café. Le puse un ultimatum, “oye o cerramos una fecha para un café o no pienses que me voy a pasara las horas muertas aquí mandándote mensajes”. No sé si esto le acojonó o qué, pero me dijo, -Cuándo?, hoy le contesté. Así que a las 6 de la tarde quedamos para tomar café.

El tipo me había dicho días antes que le daba miedo, sabéis que sensación tan cojonuda la de estar con alguien que te tiene miedo jajajaja.

Estuvimos charlando de varias cosas, y el tipo cada vez se sentía más cómodo. En una de estas, mirándole a los ojos le digo “qué?¡ ya no te doy miedo?”, el tipo se sonríe y dice, -no, ya no. Es curioso observar a la gente cuando siente miedo, es como si pudiera leer lo que está pasando en ese momento por su cabeza. En este caso, podía observar claramente, como el tipo en cuestión se moría de ganas por oler mi tesorito.

Llegó la hora de marcharme y yo tenía el coche un poco alejado y además tenía que cruzar el río por una zona no muy agradable. Él,  muy amablemente se ofreció a acompañarme.

Estábamos ahí en mitad del paseo charlando cuando se me escapó un pellizco en el pezón ( y digo escapó pq tengo un problema, soy muy tocona, y lo hago inconscientemente, ya me ha pasado con algún amigo/compañero que me ha dicho, “qué tocona eres!, me pones nervioso”), me disculpé y seguimos charlando.

Ya me marchaba y me disponía a darle dos besos de despedida, cuando me soltó un besazo en la boca, no sé si por la sorpresa o pq, cierto es que el tipo me daba un morbo atroz, le solté un escupitajo en la cara, el tío se quedó ahí anonadado y siguió besándome, lo hacia estupendamente. Sí, no creáis, hay muchos que besan de pena.

Pues ahí estábamos los dos en mitad del carril bici/paseo del río besándonos como si de dos adolescentes se tratara,  a la vista de los viandantes que se nos quedaban mirando como diciendo “se pensarán que son dos niños, estos cuarentones” jijijiji, mientras yo, le pellizcaba, mordía y escupía. Su erección era cada vez más visible.

Él me susurro al oído ” I dame tus braguitas”, reconozco que esto hizo que me mojara mucho, qué cabrón!.

Finalmente le dije que me marchaba, aun no sé como pude irme sin llevarlo a mi casa con el calentón que tenía.

-Bueno nos vemos el viernes, ok? Sí.

Era miércoles así que hasta el viernes la cosa se haría pesada. Me despedí de él, no sin antes soltarle otro salivazo en la cara que se llevaría puesto

Continuará..

0