Bajo el sol de la Toscana

Estaba viendo yo esa película, cuando sonó el telefonillo, era N. Me encantó verle ahí en mi puerta con unos pastelitos para el café. La verdad, es que el muchacho es detallista hasta la saciedad, lo de los dulces me tocó. Como os decía, estaba viendo esa película y estaba a puntito de terminar, así que ahí nos acurrucamos los dos en el sofá para terminar de ver la peli.

Me gusta estar así con él, me encanta como me acaricia, me besa y me dice ” qué bien hueles”.

Había terminado la película y fuimos a hacer el café, en la cocina mientras preparaba el café ponía mi culo en pompa y me restregaba en su polla, el pobre estaba ya bien palote, después de aguantar un polvo y unas instrucciones que le di por tlf. Ja, no os he contado nunca la afición que tengo por la telepajaguiada, y esto qué es?, pues me gusta guiar  por tlf como se ha de masturbar, escupe en tu palma, pásate la palma por el capullo, ahora aprietate la polla mucho, ahora meneatela despacito, ahora rapidito, ahora aprieta, ahora deprisa, despacio, saliva, me corro, me corro….se acabó lo que se daba. Ahora bien aunque el me jura y me perjura que no se corrió, no estoy yo muy segura.

El caso es que ahí estaba yo preparando el café con su rabo rozando mi culo, y uffff…Este chico tiene la sana costumbre de ponerme cachonda desde que entra por la puerta.

Empezamos a juguetear en mi sofá y yo ya tenía un caletón de puta madre, nos fuimos a la habitación, le pedí que me acariciara la espalda, me lamió enterita, chupó mis pies y me lamió las corvas, nunca me lo habían hecho y flipé tanto como con las axilas, ahí estaba yo totalmente en sus manos, cada vez que pasaba las manos por mis nalgas me ponía más mojada y otra vez, y por mi cabeza sólo pasaba “bájame las mallas, por favor”, pero nada. Creo que más por respecto que por ganas no me las bajó, así que finalmente le pedí que me quitara las mallas. Pasó las manos por mi culo, y cada vez introducía más su mano por mi entrepierna, bffff, estaba muy, muy cachonda. Os he dicho que este tío me pone burrísima?. Luego ya os podéis imaginar, no?. Empezó a lamerme desde el coño hasta el culito….joder qué rico!, sabia que lo haría de puta madre y si, le doy un 8….

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Me subí encima de él y empecé a besarle, me encanta estar encima de él, mirarle a los ojos, ver la cara tan linda que tiene cuando estoy ahí, pero habla mucho, demasiado. Así que le pongo mi tanga mojadito a modo de mordaza.

Le até las manos con las esposas, aquí vi que lo tenía a mis pies…Pellizqué sus pezones, escupí y me encanta sentir como le estimulo. Jugué un ratillo con su culito, siiiiiiiiii, y creo que estaba algo tenso y no disfrutó todo lo que me habría gustado, pero en general creo que le gustó. Hoy no me lamió las axilas, pero el otro día si, lo eché en falta…ya estaba muy, muy, muy cachondo y le puse mi coño en la cara, después mi culo…y le pedí que me follara, siii que se pusiera encima de mí, con una condición, que no se corriera, así que se puso al lío y si, me folló muy rico. Pues aquí paramos un rato y fuimos a cenar que hay que reponer fuerzas y otra vez al lío.

Volvimos a la cama, volvió a lamer mi coñito, me subí a horcajadas encima de él y me lo folle rico y sí, le dejé que se corriera.

Me hubiera encantado que se quedara a dormir conmigo para despertarle estrujando mi coño en su cara.

 

 

 

 

 

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Hablando con la boca llena: el cunnilingus

Un artículo interesante de Jot Down

«Cómo comer bien un coño» encabeza todos los años la lista de asuntos más buscados en Google, y es que los órganos genitales femeninos siguen siendo ese gran desconocido al que todo el mundo quiere complacer.

Hay una primordial diferencia que impide deleitar a los coños con la simplicidad con la que te comes una polla: están ocultos. Tienen recovecos, pliegues, superficies irregulares que solo puedes llegar a conocer mediante la práctica sobre el terreno y el conocimiento del medio en cuestión. No se hace gozar a un coño de forma obvia; con los penes basta con rechupetear, pero con los chichis hay que ser preciso, minucioso. Aquellos que han aprendido a bucear en los placeres de la carne femenina y saben sumergirse en nuestros bosques de olores y fluidos han descubierto el encaje de bolillos de la sexualidad.

Aun así hay que decir que el principal enemigo del buen cunnilingus no es la lengua inexperta, sino la desinformación. La mayoría de estímulos que llegan a nosotros (¡incluyendo el porno!) nos enseñan que a las chicas nos gusta fuerte, duro. Que nos peguen lengüetazos de vaca por todos los resquicios de nuestro sexo mientras nos taladran manualmente a toda potencia. Y como hay muchas chicas a las que esto les encanta y otras (como una servidora) que lo detestan, la mejor manera de resolver estas diferencias es la comunicación. Pregunta si lo estás haciendo bien, o tantea sus gustos probando cosas nuevas estando muy atento a sus reacciones.

Lo que sí tienen en común los coños y los penes es que son todos diferentes. Los hay más anchos, más estrechitos, con los labios prácticamente inexistentes o tan grandes que tendrás que hablar con la boca llena.

Esa vulva perfecta que te venden en los libros de anatomía como si fuese lo más normal del mundo es uno de los miles de modelos que te encontrarás durante tus andanzas. Cada uno tiene su punto: los más anchos te permiten hacer fistings, dobles penetraciones y otras cosas no aptas para contar en horario infantil. Los pequeñitos producen más fricción pero pueden ser un suplicio a la hora de ser penetrados por miembros de tamaño pornográfico. Hay algunos que se reducen a una simple rajita que rompe la carne. Otros son voluptuosos y sobresalen por la ropa interior como queriendo explotar de sexo y placer. Los hay tan peludos y mullidos que unen su vello con el de las piernas, y los hay depilados al estilo teenager. Y todos, ¡absolutamente todos! están bien.

Centrémonos: lo mejor es comenzar con movimientos suaves, muy despacio y con la lengua plana mientras recorres los labios y el clítoris. La mirada (una vez más) siempre es importante; no hay nada más excitante que ver la lengua de tu amante sumergida en tu cuerpo mientras te mira fijamente. Que se hunda bien en la carne mientras acaricias los muslos y las zonas cercanas a la vulva.

Una vez la chica comience a excitarse y notes tu lengua cada vez más pringosa con su lubricación, pasa a realizar movimientos rítmicos y constantes en la zona del clítoris; primero despacio para, poco a poco, aumentar la intensidad.

Los movimientos de succión ligera suelen ser efectivos, pero no intentes comerte el clítoris como si sorbieses por una pajita. Duele. Tampoco es cuestión de pegar lametones a diestro y siniestro. El buen comedor de coños sabe el punto exacto donde tiene que chupar: el clítoris, o en caso de chicas muy sensibles, el capuchón que lo cubre. Tampoco te pases con la velocidad, el ritmo lo marca ella: basta con interpretar las reacciones que provocas en su cuerpo.

Ve variando los lametones alrededor de la vulva y los labios para volver a centrarte en el clítoris, es la mejor forma de no aburrir a tu amada ni hacer que pierda sensibilidad.

Meter la lengua por la vagina puede dar mucho morbo pero no es una explosión de placer. Mi pensamiento cada vez que alguien lo intenta es «¿qué haces ahí, hijo mio?». Intentar imitar los movimientos de la penetración con la lengua, sacándola y metiéndola por el coño como si de un pene se tratase no tiene ningún sentido.

Aunque las pelis nos han enseñado que las chicas nos corremos gracias a las embestidas brutales de los sementales, la experiencia (y la estadística) afirma que la mayoría de nosotras somos clitorianas.

Dicho esto, y aunque puede que esté malversando las estrictas escrituras del comedor de coños, hay que mencionar la opción de meter los deditos. Recuerda: no hurgues. No se trata de rebañar el bote de la mermelada, meter el puño hasta los nudillos ni intentar hacer movimientos absurdos. Olvídate de las estrategias maravillosas y los trucos que te hayan contado. Las mejores posiciones son:

-Introducir dos dedos (anular y corazón) y hacer movimientos suaves hacia arriba, «tirando» suavemente hacia el ombligo. Muchas chicas preferirán que les metas más dedos, pero mi recomendación es que esperes a que sea ella quien te lo pida, o tantees tú mismo cómo de ancho es el campo de juego. Si intentas embutir cuatro dedos de golpe muchas sentiremos que estás intentando meter un tren muy ancho por un túnel demasiado estrecho. Mal.

-Sacar y meter los dedos, siempre creando una presión hacia arriba. Perfecto para conseguir el ansiadosquirting y bañar a tu amante en litros de ectoplasma sexual.

Si mientras tanto usas la mano que te queda libre para apretar en la zona baja del vientre, éxito asegurado. La idea es que los dedos que tienes ya dentro creen más fricción contra la zona del punto G. Eso sí, no pongas todo tu peso en su tripa. No quieres hacerla vomitar, solo aportar un poco de presión.

No nos metáis prisa. Repetir incesantemente «¿te vas a correr?», «¿cuánto te queda?», «¿ya?» solo sirve para arruinar el orgasmo. Tómatelo con calma y cuando menos te lo esperes tendrás su cuerpo temblando de placer entre tus brazos. Aquí ¡importante! has de mantenerte firme y no apartar la boca. Ella se debatirá, peleará, te pondrá los pies en la espalda hasta hacerte contracturas de primer nivel, pero ¡ay de ti si separas tus labios de los suyos! Espera hasta que la última contracción se haya disipado y, solo entonces, apártate. Déjala tranquila hasta que recupere la respiración.

Por último, no olvides rebañar bien el plato: es de mala educación dejar comida en la mesa.

Fuente: http://www.jotdown.es/2015/08/hablando-con-la-boca-llena-el-cunnilingus/

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Breve historia del cunnilingus

Resulta curioso que la etimología de la palabra «coño» proceda del latín cunnus, que comparte la misma raíz que la palabra que nos ocupa, mucho más culta y cuya traducción es palmaria: lengua en el coño. Pero no nos pongamos groseros, el cunnilingus no ha encontrado su lugar en el Olimpo de los placeres carnales hasta la liberación sexual de la mujer, en pleno siglo XX.

Hace miles de años, los prohomínidos se acercaban a las hembras cuando estaban bebiendo en el río y las tomaban por detrás, en breves escaramuzas comparables a los tristes y rápidos culetazos que vemos protagonizar a Michael Douglas en la gran pantalla cuando practica sexo con sus sufridas compañeras de reparto. ¿Exigencias del guion? Mal ejemplo para las nuevas generaciones, en cualquier caso.

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Como tantos otros avances sociales, fue durante el Imperio Romano cuando tenemos constancia de la práctica del cunnilingus, especialmente en Pompeya y Herculano. En su libro Roman Sex: 100 BC – AD 250, John Clarke ofrece abundantes ejemplos, basados en grabados, mosaicos y algunos textos que han llegado a nosotros. Las orgías saturnales se llevaban la palma, pero la libación se producía siempre de mujer a mujer.

En la estupenda película Calígula (Tinto Brass, 1984) hay numerosas escenas de gran voltaje erótico, incluso pornográfico para los estándares de la época, donde en más de una ocasión, dos mujeres están gozando oralmente de sus respectivos sexos.

En cambio, los griegos, que eran una sociedad muy falocrática, no han dejado constancia de esta práctica, si bien es cierto que son menos los textos íntegros que nos han llegado desde aquellas épocas remotas, cargadas de testosterona, conquistas y guerras, en las que se violaba a las mujeres, pero nadie les comía el coño (tampoco ahora sucede).

La práctica del cunnilingus en la Edad Media se hallaba circunscrita a los conventos. Las novicias, con frecuencia apartadas del mundanal ruido por algún desliz relacionado con su honra, se entregaban así al único consuelo carnal posible que les deparaba su vida intramuros.

Si miramos a nuestros parientes más cercanos, los bonobos, el profesor Christopher Lynn, que trabaja en el zoo de Nashville, describe sorprendentes comportamientos sexuales en estos monos, que incluyen frecuentes relaciones homosexuales, y trató de ver si el cunnilingus en simios tiene una historia evolutiva. Gordon Gallup también se ha ocupado de estos asuntos y sostiene que los bonobos que practican el cunnilingus no lo repiten con la misma hembra, y que experimentan un rechazo al sabor y el olor. Que es precisamente lo que resulta excitante a los machos humanos aficionados a esta práctica, aunque también depende de la hembra (mujer). Y es que hay olores que fascinan a unos individuos pero repelen a otros. Como todo en la vida, si se pone uno a pensarlo.

Se asocia esa generosidad en proporcionar placer a un cierto grado de inteligencia y empatía con el prójimo (con la prójima, cabría decir), por lo que los delfines, orcas y otros mamíferos marinos de gran tamaño podrían estar entre los candidatos, pero dadas sus dimensiones y morfología parece poco probable que los cetáceos se entreguen a esta práctica en las profundidades marinas. El modus operandi en este caso es aún un misterio que nadie ha logrado filmar.

El mito de la damisela solitaria que se alivia con los lametones de su perrito parece responder más a la calenturienta imaginación de algunos autores que a una realidad cuantificable. Naturalmente, estos comportamientos no se confiesan en las encuestas y no es fácil constatar su existencia. Además, los perritos no hablan y los gatos están descartados, por la aspereza de su lengua.

Volviendo a Michael Douglas, los amantes de esta saludable práctica le guardamos cierto rencor, pues no hace mucho relacionó su cáncer de garganta con tan noble actividad, ante el silencio y estupor de su mujer Catherine Zeta-Jones.

Fuente HTTP://WWW.YOROKOBU.ES

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