El Sueño V

Por sumiso servus

La pantalla de mi iPad se encendió de pronto. Era la una de la madrugada del jueves. Desbloquee rápidamente el dispositivo y vi que había tenía un mensaje instantáneo de chat:

LadyAlicia: ¡Hola servus! ¿Cómo llevas la castidad?

¿Cómo podía haberse enterado? A pesar de mi turbación decidí contestarle. Necesitaba hablar con alguien.

servus: Saludos Señora. Pues me está costando. Apenas llevo tres días en ella y se me está haciendo la semana muy larga. Se me ha encargado que cada día escriba una especie de diario con mis impresiones. 

Comencé a comentarle a mi estimada tutora y amiga los primeros cambios a los que me enfrentaba. El cinturón de castidad me causaba molestias. No podría decir que me doliera pero cuando tenía erecciones un anillo metálico tiraba inmisericorde de mis testículos y sentía un escozor. Era normal, al pequeño intento de crecimiento de mi pene, éste se encontraba con unas paredes metálicas que se lo impedían. Durante el día podía aguantar si me concentraba en mi trabajo y tareas aunque ya había tenido más de una situación extraña. 

En primer lugar, al salir a la calle, tomar el metro o simplemente en la oficina, comencé a sentir cierta vergüenza y desasosiego. Una sonrisa o una simple mirada de una mujer me hacía pensar que notaban algo extraño en mi entrepierna y que de algún modo conocían mi secreto, cosa que me humillaba. Tener que orinar sentado no era un gran problema para mí, de hecho ya había cogido la costumbre gracias a alguna pareja que había tenido. Pero el roce de la jaula con mis piernas, el goteo preseminal de mi miembro ante escenas cotidianas que antes me habían pasado inadvertidas como mirar fugazmente el canalillo de una mujer, un leve contacto con los pechos de una compañera durante un abrazo o simplemente contemplar las torneadas piernas enfundadas en unas medias y terminadas en zapatos de tacón de una anodina vecina me hacían perder la tranquilidad. Era como si los estímulos sexuales externos hubieran multiplicado su potencia e influencia en mí.

LadyAlicia: No te preocupes. Las primeras semanas se te harán duras pero poco a poco te acostumbrarás. Piensa que es una decisión que han tomado tus dueñas y que ellas son tus superiores y saben qué es lo mejor para ti.

¿Cómo podía negar aquella afirmación? Pero continuando con mis molestias, era por la noche cuando me encontraba más incómodo. Daba vueltas en la cama para encontrar una postura confortable en la que dormir, y lo peor era las imágenes que venían a mi mente, no podía dejar de pensar en mis Amas. Se me representaban perfectas, vestidas como en nuestro último encuentro, en negro y rojo, colores que después averiguaría eran sus colores favoritos. Sólo de imaginármelas besándose o tocándose hacía que volvieran mis molestias. Intentaba frotar mi pene con la jaula ya que no podía tocarme. Me volvía loco. 

Y no eran solo mis imaginaciones. Una vez al día como mínimo tenía como encargo enviarles una foto mía al grupo de WhatsApp en una postura determinada, siempre desnudo y mostrando mi cinturón de castidad. Aquello iba más allá de una mera comprobación, me pedían ponerme a cuatro patas, tumbarme boca arriba en la cama o ir corriendo al primer servicio que encontrara para mostrarles mi pene encerrado. Pero además de sus comentarios humillantes también recibía otro premio que era al mismo tiempo un castigo: una foto de las piernas de Ama Paula, infinitas y excitantes, una foto de las dos en actitud cariñosa o alguna que otra foto insinuante. 

Pensaba en sus labios carnosos, pintados por el carmín. Pensaba en sus lenguas húmedas y calientes, frotándose una con la otra, acariciándose, produciendo un excitante sonido de chupeteo y sorbo que era una delicia. Pensaba en sus dominantes miradas sobre mí, atentas y exigentes. Ya llevaba varios días con una ojeras de caballo.

LadyAlicia: Bueno y aparte de la castidad ¿Has comenzado a servirlas?

servus: El lunes tuve mi primera tarea, señora. Hice de chofer para Ama Rebeca.

Aunque estuve muy nervioso, creo que lo hice bien. La noche del lunes caía una lluvia fría y fue el momento de entrar en acción. Tras ser informado por Ama Rebeca, me presenté a la hora acordada en la dirección que me indicó en una calle pequeña de un barrio céntrico de la ciudad. Llevé mi coche impoluto, brillante. Vestí traje, tal y como me indicó y di mi mejor imagen. A los pocos minutos de llegar se abrió el portal y apareció mi señora con una sonrisa en los labios.

Vestía ropa cómoda y del día a día: pantalones vaqueros desgastados, bailarinas negras, un jersey negro de cuello vuelto y, como abrigo, un impermeable del mismo color. Me llamaron la atención sus bellas uñas, perfectas, también de color negro. 

  • Muy bien, gusano, muy bien. – me dijo llenándome de orgullo – Ahora quiero que me lleves a esta dirección.

Me pasó una tarjeta con el nombre de una calle y un número, y tras ponerlo en el GPS nos dirigimos allí lentamente por la congestionada ciudad. Las luces de los comercios se reflejaban en los grandes charcos que dejaba la lluvia, iluminando una noche oscura como un pozo.

  • ¿Has empezado a escribir en tu diario? Es muy importante.
  • Sí, señora. – dije atreviéndome a mirarla a través del espejo retrovisor. Me deleité al ver que nuestras miradas se encontraron por un instante. La suya era muy penetrante.

Durante el viaje no pude evitar lanzar miradas furtivas y me la encontré en varias ocasiones consultando su móvil, acariciándose la nuca o enrollando su pelo negro en unos pequeños bucles que se deshacían al instante. En aquel momento sentí su delicadeza y fragilidad debajo de toda aquella patina de autoridad y seguridad en si misma. 

Sus labios carnosos y delicados se despegaban a veces para construir una sonrisa de blancos dientes, sus ojos se expandían y contraían mostrando a veces un brillo especial, y esta alegría hacía que se le formaran unas deliciosas arrugas en el rabillo del ojo. Sus negras pestañas infinitas hacían de techo a toda aquella grandiosidad.

Yo soy por naturaleza un poco tímido pero embriagado por la situación me atreví a preguntar.

  • ¿Está todo a su gusto, señora?
  • Sí, todo correcto. Te estás portando bien. – dijo sonriendo – Pero no te creas que todas tus tareas van a ser tan fáciles como llevarnos de un sitio a otro. Tienes que esforzarte.

Aunque tardamos una media hora en llegar a nuestro destino, a mí se me había pasado volando. Paramos frente a una casa unifamiliar de una zona residencial. Era de estilo inglés, de paredes de ladrillo rojo y con un tejado a dos aguas muy pronunciado. En ese momento bajé del coche y le abrí la puerta desde fuera. Entonces cometí un fallo mirándola a la cara por unos segundos pero me corregí rápidamente y aparte mi mirada mirando al suelo.

  • Gracias, gusanito. – dijo sonriendo mientras se acercaba a la puerta de entrada – Conserva la tarjeta de esta dirección puede que otro día tengas que acudir a mi llamada. Ya te puedes ir.
  • No hay por qué darlas, señora. Es un placer. – ¿Empezaba a disfrutar sirviendo a mis Damas?

servus: Ayer y hoy he tenido que hacer algo diferente. No es exactamente una tarea.

LadyAlicia: ¿A qué te refieres?

Desde nuestro chat de WhatsApp había recibido un orden de parte de Ama Paula, acudir a una dirección muy concreta de la ciudad. No me atreví a pedir más explicaciones para no meter la pata. No quería parecer ansioso ni irrespetuoso, ella era más estricta que Ama Rebeca y tenía que tener cuidado para que me aceptara.

A las ocho de la tarde llegué andando hasta el lugar. Se trataba de una clínica de estética de barrio con instalaciones nuevas. Tenía buen aspecto. En un primer momento no entendía nada pero con decisión entré por la puerta haciendo sonar la campanilla. Ni en el mostrador ni en la sala de espera había nadie pero pronto apareció una mujer de unos cincuenta años en bata rosa que me miró con una sonrisa y me invitó a pasar a la trastienda. Tras entrar en una sala con una serie de armarios, una camilla y una mesita me pidió que me desnudara.

  • Pero… – dije sorprendido
  • Vamos, que no tenemos todo el día. Tranquilo, lo sé todo. Tus dueñas quieren que te depile completamente. Tenemos trabajo para rato.

La mujer encendió un aparato que parecía albergar cera mientras que se quedó mirándome brazos en jarro. Con mucha vergüenza comencé a desvestirme. Estaba seguro que si desobedecía a esta señora mis dueñas serían informadas así que hice todo lo que me ordenaba. Tras quitarme toda la ropa, no pude evitar taparme mis genitales, ahora acompañados por el cinturón de castidad. La mujer, de carácter dominante, no dudó en darme un manotazo y comenzar a examinar el cinturón de castidad dando pequeñas palmadas a mis genitales.

  • ¡Qué cosita! – dijo señalando el pequeño tamaño de mi miembro intentando infructuosamente entrar en erección – ¿Te duele? – Realmente parecía tener curiosidad por el aparato.
  • No – dije aguantando vergüenza y molestias.
  • Túmbate en la camilla. Vamos a empezar con las piernas.

Al colocar la cera caliente no era consciente de lo que venía justo después.

– Bueno pues esto si que te va a doler un poco. – dijo pícaramente dando un gran tirón en el trozo de cera y llevándose un buen matojo de mi vello corporal. Vi de reojo como daba un leve suspiro de placer ¿Estaba excitándose con mis muecas de dolor?

Capítulo 1  

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

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El Sueño IV

Por sumiso servus

  • ¿Qué pasa? ¿Te ha comido la lengua el gato? – dijo maliciosa Ama Paula.

A pesar de no haber ninguna fiesta gótica a la vista el bar parecía tener el mismo ambiente misterioso del otro día, oscuro como la boca de un lobo y tenuemente iluminado por unas escasas bombillas de color rojo. Y allí me encontraba yo, recién llegado a la barra del bar y sin saber donde me estaba metiendo…o tal vez sí, pero eso era en dicho momento irrelevante. Lo importante es que había tomado mi decisión. Pensé que cuanto menos hablara mejor me iría, no quería meter la pata a las primeras de cambio.

  • ¿Estamos esperando a Ama Rebeca? – dije dubitativo mientras ella me miraba con atención.

Ama Paula sorbió un poco de la pajita de un extraño coctel de color rojo. Hoy vestía de una forma muy diferente a las otras veces, incluso sexy podría decir. Llevaba un vestido rojo de un material parecido al vinilo y que le quedaba ajustado como un guante. La belleza y dominio de esta veinteañera me ponían nervioso y me excitaban a la vez. 

  • Mmm, ella aún tardará en llegar. Pero será mejor que me acompañes al reservado.

La verdad es que desconocía que aquel bar tuviera reservado y me tuve que fiar de ella. Siguiéndola quedé hipnotizado por el contoneo de caderas y trasero que parecía tan natural en ella. En aquel momento no lo pensé pero ahora me parece que todo estuvo calculado al milímetro para obtener un resultado muy concreto.

En escasos instantes nos encontramos en una pequeña sala con una mesa alta y dos sofás de cuero de imitación a cada lado. Ella se sentó a la izquierda, dejando su bolso a juego a su lado y yo me senté justo enfrente. Estábamos muy cerca y noté pronto como su poderosa mirada me empequeñecía y me hacía bajar los ojos.

  • Antes de que venga Elena quería hablar yo contigo. Quiero saber si realmente lo has entendido todo. Supongo que te habrás dado cuenta de que Rebeca y yo tenemos una relación ¿no?
  • Lo entiendo, señora.
  • Muy bien. Entonces debes entender lo que buscamos: servidumbre, domar a un machito a nuestros gustos…no estamos aquí para cumplir tus fantasías sexuales…quiero que ese punto quede completamente claro. Respecto a lo del otro día…una cosa no quita la otra. Puede que más de una vez te utilicemos para nuestro placer pero lo que serás tú tendrás que vivir en castidad.
  • ¿Castidad?

Ama Paula sonrió cruelmente

  • ¿Realmente creías que ibas a estar todo el día por nuestra casa enseñando esa birria empalmada que llevas entre las piernas? ¿Has estado alguna vez en castidad?
  • La verdad es que no. – dije humildemente
  • Bueno, pues ya es hora de que vayas empezando. – dijo cogiendo el bolso y sacando un cinturón de castidad metálico. – Creo que para empezar este te irá bien.

Se trataba de un modelo sencillo pero personalizado con un aro que se abría y cerraba, llave de combinación de cinco dígitos y una jaula con unas aberturas como tornillos que en ese momento no me supe explicar. Me quedé embobado mirándolo y no supe qué decir.

  • Si has venido significa que sigues con el proceso así que bájate los pantalones inmediatamente y que no tenga que repetirlo…

Con un poco de vergüenza no hice otra cosa que levantarme, desabrocharme el cinturón y los botones del pantalón y quedarme en bóxers delante de ella. Con un movimiento que expresaba impaciencia bajó mi ropa interior y sonrió al ver una erección en ciernes…

  • Ya veo que no lo estás pasando del todo mal…pero no te preocupes, eso tiene arreglo… – dijo volviendo a sonreír.

Rebuscó unos instantes en su bolso y sacó un pequeño spray con el que roció mi miembro rápidamente y sin darme tiempo a reaccionar. A los pocos segundos comencé a dejar de notar mi pene y vi sorprendido como iba relajándose hasta quedarse en su mínima expresión, apenas unos centímetros.

  • Esto es otra cosa  – dijo poniéndose a colocarme la jaula de castidad – ¡Manos atrás!

Yo cumplí religiosamente la orden y en un santiamén Ama Paula me había encerrado por primera vez en mi existencia. Sólo después tomaría conciencia de que había perdido el control de mis orgasmos y de que esto propiciaba que hora tras hora, día tras día, me volviera más sumiso.

  • Venga, a vestirse. Siéntate.

Tras sentarme comenzó la verdadera charla.

  • Durante tu periodo de entrenamiento permanecerás en castidad todo el tiempo que nosotras digamos. Cada falta, cada metedura de pata no sólo acarreara un castigo físico sino un aumento de tu periodo de castidad. Te aseguro que dentro de poco preferirás recibir cinco latigazos a permanecer una semana más en castidad ¿Has entendido?
  • Sí, señora.
  • Obedécenos siempre – dijo duramente mientras volvía a mirarme a los ojos y se recostaba más relajada – No te voy a mentir, yo al principio me oponía a tu adiestramiento, espero que no sea un mero capricho de Rebeca.

Ama Paula pareció darse cuenta de mi confusión y decidió cambiar de tema.

  • Yendo al grano…creo que ya es hora de que sepas en que va a consistir tu entrenamiento. Durante las siguientes cuatro semanas contactaremos por WhatsApp y telefónicamente. Deberás estar disponible en todo momento y obedecer sin rechistar. Tómatelo como un periodo de prueba. Alguna vez tendrás que venir a nuestra casa a servirnos, quizás quedarte un fin de semana. Otras veces seremos nosotras las que te hagamos una visita.
  • Entiendo, señora. Haré como ustedes digan.
  • Más te vale… – dijo duramente – Mira, Rebeca no es muy amante de los castigos corporales pero a mi no hay nada que me repugne más que un macho insolente y espero que tú no seas de ese tipo porque si no vas a sufrir mucho.

Tragué saliva y negué con la cabeza rápidamente.

  • Probaremos tus límites y tu compromiso. Si pasas este periodo de prueba tendrás la suerte de entrar a nuestro servicio.

¿Mis límites? Como ya había pensado anteriormente, todo parecía indicar que conocían mis gustos y preferencias. Me aterraba que desearan llegar más allá pero al mismo tiempo deseaba dejarme llevar.

En ese momento apareció Ama Rebeca, deslumbrante como siempre, con unos sencillos pero sexys pantalones negros de pitillo y una blusa escotada negra a juego. A diferencia de Ama Paula, parecía contenta de verme sentada en aquel sofá.

  • Vaya ¿A quién tenemos aquí? ¿Cómo está mi gusanito?

Aquella muestra espontánea de cariño me dejó un poco turbado y me sentí especial. Ama Rebeca se sentó junto a Ama Paula dándole un beso con lengua. Mi miembro comenzó a sufrir tras liberarse poco a poco del entumecimiento.

  • Vamos, saluda como debes a tus amas. – dijo Ama Rebeca

Sin saber qué hacer, decidí innovar y levantándome tembloroso del sofá me deslicé bajo la mesa y besé los pies de mis dos bellas superiores.

  • No está nada mal, gusano, nada mal. – dijo Ama Rebeca riendo – Pero vuelve arriba que tenemos que seguir hablando ¿Ya le has contado como empezara?
  • Faltan los detalles, cariño. Estábamos hablando de la castidad.- dijo Ama Paula
  • Ah, la castidad masculina – dijo riendo Ama Rebeca

Ama Paula volvió a tomar el mando de la conversación y me indicó que llevaría el cinturón de castidad una semana para empezar. Sólo ellas dos conocerían la combinación que lo abría y únicamente me liberarían el domingo que viene si había cumplido satisfactoriamente todas mis tareas.

  • Y esta será tu primera tarea – dijo Ama Rebeca entregándome un bello cuaderno rojo de tapa dura con una pluma a juego – Deberás escribir un diario de cómo te sientes cada día que sigas en castidad a nuestras órdenes, y nos lo entregarás el domingo por la mañana.
  • Si todo va bien, el mismo domingo te enviaremos unas coordenadas a un grupo de WhatsApp que hemos creado para tu doma. Espero que no te importe que ya te hayamos invitado… – dijo pícara Ama Paula.
  • Gracias, Señora. Me esforzaré. – dije convencido.
  • Tendrás que hacer más que eso. Lo queremos todo de ti.

En ese momento comencé a notar un roce suave de un pie con mi enjaulada entrepierna. Una molestia pareció subir por mi estómago: quería tener una erección y no podía.

  • Vamos Rebeca, no seas mala, ja, ja, ja.
  • Aunque esa cosita se quede encerrada no significa que no vayamos a jugar contigo. Pero no te ilusiones, esperamos de ti que realices las tareas de la casa como limpiar, lavar la ropa o planchar. Por cierto ¿qué tal se te da? – dijo Ama Rebeca sin parar de acariciarme.
  • No sé, señora. Supongo que bien… – dije aguantando las molestias – estoy acostumbrado…
  • En un santiamén te convertiremos en nuestro sirviente doméstico ¿No deseas ser útil para las mujeres?

Asentí mordiéndome los labios mientras ellas respondían con una carcajada. Y así fue como comencé la primera semana de mi nueva vida en manos de mis captoras.

Capítulo 1  

Capítulo 2

Capítulo 3

 

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El Sueño III

Por sumiso servus

Había pasado otro rato cuando decidieron volver para liberar mis pies y llevarme a la sala de estar. Sentado en el sofá de cuero negro no me atrevía a mirarlas a la cara e intentaba centrarme en mantener cerradas las piernas no fuera que a mi pene le diera por volver a ponerse enhiesto ante tanta humillación.

  • Joan, levanta la mirada. – Me dijo la mujer madura… – ¿O he de llamarte sumiso servus? – preguntó sonriendo.

En ese momento si que me quedé helado ¿Cómo conocían mi nick Femdom? Pero no pude evitar obedecer y contemplar a las dos extrañas. La chica joven había terminado por ponerse un pantalón gris oscuro de pijama, la mujer al mando se mostraba más excitante y arrebatadora. Llevaba un vestido negro con encajes que terminaba en una falda de tubo. Sus curvas se marcaban bajo el vestido y su pronunciado pecho, aunque cubierto, llamaba toda mi atención. Sus piernas firmes, curtidas a golpe de gimnasio eran de admirar y no podía resistirme a quedarme embobado mirando sus pies enfundados en tan deliciosos zapatos que mostraban unos dedos pintados del mismo color rojo pasión que las manos. Su rostro era casi tan angelical como el de la chica joven y tengo que decir que la superaba en belleza. El rojo carmesí de sus labios era atrayente y sus ojos verdes se clavaban en mí como la noche anterior, rodeados por unas infinitas pestañas que marearían a cualquier admirador.

  • Vamos, cierra la boca que se te cae la baba. – dijo la chica joven algo molesta. Mi entrepierna me había vuelto a delatar. 

La mujer madura volvió a sonreír.

  • Bueno, vamos al grano. Te habrás llevado una sorpresa esta mañana. Hoy te has despertado con dos amas, como por arte de magia.
  • Eeeh…no sé qué decir – dije tontamente.
  • ¿Quién te ha dado permiso para hablar? – Tragué saliva – Como iba diciendo, a partir de hoy tendrás el honor de servirnos como esclavo durante un periodo de prueba. Si lo pasas podrás convertirte en nuestra propiedad de forma permanente, si fallas…
  • Pero que quede una cosa clara, cerdo – dijo la chica joven mirándome amenazadoramente – Nunca le pondrás las manos encima a Rebeca ¿Has entendido?
  • Para ti, gusano, Ama Rebeca y Ama Paula.
  • ¿Gusano? Me gusta ese nombre – dijo la chica más joven riendo.

En ese momento Ama Rebeca se giró hacia su compañera y acariciándola en el mentón le dio un apasionado beso con lengua que me sorprendió. Iba a ser el esclavo de una pareja de mujeres. Se me tuvo que notar la sorpresa…

  • No pongas esa cara, gusano. Vas a tener el gran privilegio de servir a dos damas sin sexo de por medio. Es la forma de dominación más pura.
  • Bueno, sin sexo que no sea oral… – dijo Ama Paula con una risita.
  • ¿Y cómo se le da el tema? – dijo la otra dama. Parecía que yo no me encontrara en la sala.
  • Pues no está mal pero tiene que mejorar muchísimo.
  • Comprenderás la gran oportunidad que te damos…lo de hoy sólo ha sido un jueguecito para divertirnos. Y ya vemos que te ha gustado también. – dijo señalando mi entrepierna.
  • Por supuesto, tú te ocuparás de los gastos durante tu periodo de adiestramiento y tendrás que ir cambiando poco a poco aspectos de tu vida cotidiana que no nos gustan un pelo.

¿Aquellas mujeres me habían estado siguiendo? Estaba claro que me conocían muy bien mientras que para mí ellas eran unas totales desconocidas.

  • No podemos decirte por qué has sido seleccionado pero puedes sentirte afortunado por ello. Esto no es una fantasía ni una película porno. Trabajarás duramente y nos servirás con toda tu alma. A cambio de nuestra felicidad y bienestar te recompensaremos con humillación y control. Y de vez en cuando te castigaremos cuando haya que corregirte.
  • Como hombre nunca serás nada más que un animal, un objeto o un juguete en nuestras manos. No tendrás ni voz ni voto y poco a poco iremos dominando cada aspecto de tu vida.
  • Suena muy fuerte la primera vez que se oye…  – dijo Ama Rebeca mirándome seriamente – Pero esta es tu oportunidad, no te daremos otra.

Aquello me sonó serio y definitivo ¿Podría dar el gran paso y perder la vida que me había construido tras tantos años? Sentía vértigo.

  • Pero vuelvo a decir, esto es el mundo real y será una decisión tuya si te sometes a nosotras o no. Olvida todas esas fantasías de dominación forzada 24/7 – dijo Ama Rebeca levantándose y acercándome unas tijeras sobre la mesa. – Si no aceptas comenzaremos de nuevo la búsqueda. Seamos serios, sabemos que ésta no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Tómate tu tiempo y si te decides a dar el gran paso preséntate en el mismo local en el que nos conocimos el sábado que viene, sobre las 11. Estaremos en la barra. Si no acudes interpretaremos que no aceptas el acuerdo.

Ama Paula se despidió de mí con una caricia tal y como se haría con una mascota, mientras que Ama Rebeca dejó en mi mejilla la marca empresa de sus ardientes labios y me dijo al oído.

  • Piénsalo bien, servus.

Aquella semana se me hizo eterna. Por las noches no podía pegar ojo y esto hacía que en el trabajo me encontrara nervioso y taciturno, simplemente no podía concentrarme. Situaciones cotidianas como oír unos tacones repiqueteando en el suelo pulido, atisbar una leve muestra del sujetador de una compañera o ver a mi atractiva jefa dando órdenes a un subordinado, me excitaban. En el estudio de arquitectura mis compañeros de trabajo notaron mi extraña conducta pero no supieron a qué achacarla. Incluso una atractiva compañera que nunca había hecho caso a mis insinuaciones dejó caer que quizás me había enamorado y me estaban dando plantón. 

Yo por mi parte me sentía nervioso ante lo que me había ocurrido aquel fin de semana. Si no hubiera sido por las marcas que aún tenía en mis muñecas tras los varios intentos por cortar la brida que me habían impuesto mis captoras, hubiera pensado que todo había sido producto de mi imaginación. No podía evitar llegar a casa tras el arduo día de trabajo y con la cara invadida por un calor extraño como de fiebre, encender el ordenador del estudio y masturbarme frenéticamente ante imágenes de dominación femenina. Pero al terminar me daba cuenta que al contrario que en otras ocasiones aquello ya no me llenaba, me quedaba insatisfecho.

Por aquel entonces aún llevaba un blog a modo de diario anónimo en Internet. Utilizaba también mi pseudónimo “servus” para hacerme cuentas en otros espacios de la red como Fetlife, Twitter o Facebook. Aunque había tenido algún contacto con sumisos y amas en chats y foros, nunca había estado cerca de la dominación real, ni si quiera virtual. Vale, había jugado con algunas ex durante mi juventud pero en la pareja vainilla siempre habían sido eso, juegos. La relación siempre se acababa debido a mi insatisfacción. Buscaba algo más y en las redes sociales llevaba años fracasando debido a miedos e inseguridades. Y no quiero dejar tampoco atrás aspectos como el engaño y la falta de confianza que destilaban algunas supuestas dominatrices que en más de una ocasión habían intentado chantajearme. Abrí mi blog “La jaula de servus” y harto de tocarme me dispuse a escribir una entrada anómala en la ristra de publicaciones deprimentes de mi vida diaria. Era corta y concisa, como un comentario:

>>Hoy es viernes y voy a tomar una decisión que puede que lo cambie todo. Como sabéis llevo años buscando una oportunidad para servir a una mujer y por fin se me ha presentado. Pero esto implicaría dar un salto al vacío para el que no me veo preparado, me da vértigo sólo pensarlo. No estamos hablando de dominación virtual ni de sumisión, me estoy refiriendo en convertirme en el esclavo de una pareja de mujeres. Mañana es el día en el que tengo que someterme y comenzar un nuevo camino, y todavía tengo dudas ¿Puedo fiarme de unas extrañas?<<

Apagué el ordenador justo antes de irme a cenar y aunque seguía pensando en ello, por increíble que parezca casi me había decantado por la vía fácil: no me veía con coraje para perseguir mis sueños. Tal vez no fuera capaz de resistir el entrenamiento ¿Y si no me eligieran una vez lo hubiera dado todo y hubiera modificado mi vida hasta tal punto que no hubiera marcha atrás? Es verdad que no tenía apenas familia ni amigos con los que tuviera contacto diario pero estaba seguro que el experimento se acabaría notando en mi círculo más íntimo. Por no hablar de lo peligroso que podía ser ponerme en manos de unas desconocidas. Realmente ya había estado sometido bajo su yugo pero todo podía ser parte de un maquiavélico plan para aprovecharse de mí de una u otra forma, saliendo como de costumbre escaldado. Aquella semana se me había hecho muy larga y decidí consultar con la almohada la decisión.

Casi en la frontera del sueño, en el duermevela de medianoche, la pantalla iluminada del iPad llamó mi atención: me habían dejado un comentario en el blog. Esto no era una cosa que ocurriera todos los días, por triste que parezca, y decidí incorporarme y leer el mensaje. Para mi sorpresa, el comentario se había hecho en mi última entrada y procedía de una persona muy querida: Lady Alicia. 

Lady Alicia era una buena ciberamiga que conocía desde hacía muchos años. Allá por mis comienzos en los foros de dominación femenina, había participado intensamente en una web ya extinta llamada Círculo BDSM. Entre las amistades que había hecho allí se encontraba esta gran dama que había pasado a ser con el tiempo, una especie de tutora en el mundo Femdom para mí. Fue la distancia lo que hizo que nuestra relación no pasara a mayores ya que ella vivía al otro lado del charco y no estaba interesada en dominación virtual. Hacia mucho tiempo que no hablábamos y me sorprendió agradablemente leer un mensaje suyo. Tras las típicas frases de enhorabuena por mi humilde blog, pasó a la cuestión que nos interesa:

>>También te quiero dar la enhorabuena por haber sido elegido por estas damas. Sabes que no es por casualidad y que no tendrás oportunidad igual. Creo que nos conocemos lo suficiente para que sepas mi opinión. Puede que no estés preparado para ser un buen esclavo pero tienes actitud y educación. Sométete, obedece todas las órdenes que te den lo mejor que puedas y acepta los castigos con humildad. Acalla ese machito que todos los hombres lleváis dentro y ríndete ante el poder de la mujer. Seguro que te irá muy bien.<<

Un beso

Lady Alicia

Aquella noche no pegué ojo. Tenía que tomar una de las decisiones más importantes de mi vida.

Capítulo 1

Capítulo 2

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Ama homemade

Toda ama casera que se precie hará uso de los utensilios del hogar para uso y disfrute de las practicas amatorias.

Que queréis que os diga, a mi esos cueros negros, látigos, mordazas…etc en vez de excitarme, me dan un miedo que pa qué. A veces cuando alguien muestra todos esos instrumentos en una fotografía, me recuerda las escenas en las que Dexter iba a cometer alguna fechoría.

Como a nosotras también nos gusta cometer fechorías caseras, os voy a contar los artilugios que me gusta usar.

Pinzas de tender, estas son un clásico. Úsalas para enganchar los pezones de tu perrete, su escroto, ese michelín que le sale por los lados…etc.

Pinzas del pelo y coleteros, puedes poner los coleteros en la base del pene y enganchando las pelotillas, a modo de anillo para el pene. Las pinzas puedes engancharlas en el pene, en las pelotas…

Film transparente, haz una mordaza con tus bragas y papel film con dos vueltas alrededor de la boca es suficiente ;). Momifica a tu perrete y mortificalo.

Cojines, si te gustan los juegos de asfixia, aquí tienes un gran aliado. Facesitting también pero con cuidado¡¡¡ a ver si vas a dejar al perrete ahí tieso.

Paletas de madera y metálica, pican las jodias! esto lo he probado hasta yo. Spanking homemade.

Cinturones, fulares, cuerdas, correas, collar del perro,  todo ello para atar, tapar ojos y/o pasear a tu perrete de 2 patas con el collar del de 4 😉

Pinzas de depilar, si eres un poco sádica, puedes quitar los pelos de tu perrete uno a uno, por ejemplo de la nariz, de las orejas, de las piernas….de los pezones.

Rallador, con el rallador puedes hacer presión sobre el culo de tu perrete o rallarle el culo, si lo resiste¡¡¡

Hielo, ata a tu chucho, piernas y manos. Vamos inmovilizalo!!! y jódele con un hielito por las pelotillas 😉

Goma de los huevos, sí, esas gomas color carne que se ponían antes en los cartones de huevos..sí, esas! a modo de tira chinas en el culete.

Pepinos, zanahorias, nabo…etc, a modo de plug anal. No olviden el aceite de oliva para lubricar 😉

No sé me ocurren más de momento.

Por supuesto, todas estas prácticas con mucho cuidado, siempre escuchando a tu compañero/a. Al finalizar el juego no olvides abrazarlo y comértelo a besos.

Pd.: Se me ha ocurrido una ahora pero que no sé si será factible, ponerle el satisfayer en el ojete del culo, debe ser una putadilla deliciosa, no?

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