Aguantando

Hoy hablando con un amigo, le contaba lo desilusionada que estoy con esto del femdom y que me planteo seriamente volver al vainillismo.

-Señora, sabe igual que yo, que eso no pasará. Se retirará una temporada, pero usted lo lleva en la sangre.

Ha venido a mis recuerdos mi expareja/exsumiso, y lo especial que fue aquello y lo difícil que será volver a tener, ya no digo algo igual (entre otra cosa, porque cada persona es diferente), algo parecido. Le contaba a mi amigo, que tenía un blog precioso en el que escribía cosas maravillosas (os acordáis?).

Al hilo de lo anterior, rebuscando en mi pasado, he encontrado una entrada preciosa.

No es sencillo. Porque hay que estar concentrado, porque en cualquier momento puedes fallar y porque estar durante mucho tiempo al límite del orgasmo genera frustración.

Es la típica postura del misionero, a I le da placer pero nada del otro mundo. Ella se tumba, disfruta y me toca los pezones. Tened en cuenta que yo tengo los pezones muy sensibles, me pone muy cachondo que jueguen con ellos. Y mientras yo estoy obligado a hacer el mete-saca. ¿Cuánto tiempo? Pues hasta que ella quiera, pero siempre mucho más del que necesitaría yo para llegar al orgasmo. Ella ve cómo sufro y cómo tengo que parar para no correrme. Pero no le importa, me obliga a seguir.

Entonces me gusta mirarle a la cara. Yo estoy en tensión, sufriendo y cansado por estar mucho tiempo “dándole” y sin descansar. Ella en cambio tiene la cara relajada, está disfrutando. Y me encanta su mirada, me gusta porque noto que se siente orgullosa de que haga eso por ella. Me gusta porque cada día me hace estar más tiempo. Me va perfeccionando a su antojo.

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Cenicienta en busca de su zapato…

Cada mañana pasaba por el escaparate y me paraba a mirarlos. El precio no era ajustado para mi bolsillo y me tenía que conformar con pararme cada día en el escaparate. Ahí estaban, un tacón fantástico, elegantes. Los miraba y me decía
-Me deben quedar de lujo, a ver si los rebajan.

Esta semana a la salida del trabajo, la zapatería estaba abierta, me paré de nuevo en el escaparate y me dije, -Por qué no darme un caprichito.

Entré con paso firme y esperé, la tienda estaba llena de señoras con bolsos de Louis Vuitton. Mientras ojeaba el resto de zapatos y botas se acercó a mi un joven de unos 35 años y me dijo: – Señora puedo ayudarle en algo? Catapun! se me cae el zapato que tengo en las manos, cada vez que alguien me dice “señora” hay algo que me hace perder por completo la atención en lo que estoy haciendo y empezar a imaginar maldades.

– Sí, perdona. Quería probarme esos zapatos que tienes en el escaparate.

– Señora tiene muy buen gusto, esos zapatos no los suelen comprar “chicas” como usted, suelen llevarse más zapatos con plataforma.

– Uf, a mi ese tipo de zapato no me gusta nada, me resultan realmente chabacanos.

– ¿Qué pie usa?. Un 40, le digo.

– Es un pie grande. Me mira los pies y dice, cualquiera lo diría, tiene usted unos pies realmente hermosos.

Empiezo a ponerme nerviosa otra vez, cuando me halagan me suelo ruborizar con facilidad, pero mi cabezota empezó de nuevo a maquinar.

Vuelve el dependiente con dos cajas de zapatos y me dice, – le he traído también el “9”,la horma es bastante ancha y sus pies son estrechos, creo que el “9” le quedará mejor. Apoya las cajas de zapatos en el banco que estaba sentada y se agacha en un amago de ponerme los zapatos, reconozco que este acto me encanta, hacia mucho tiempo que en una zapatería no me ayudaban a ponerme unos zapatos.

Llevo calcetines y él me ayuda a ponerme los zapatos con ellos, me aprietan un poco, y me dice, ya tuteandome – Yo creo que si te quitas los calcetines te los verás mejor.

Me quito los calcetines y me calzo el “9”, me remango los pantalones por las rodillas para ver qué gemelos me hacen, no me llevo un solo zapato que no realce mis piernas, me paseo por la zapateria que está llena de espejos bajos viendo como me quedan. Se acerca de nuevo a mi y me dice:

-Te quedan de escándalo, deberías llevártelos.Tienes unos pies preciosos y muy cuidados.

– Pues no creas, no me los cuido demasiado.

– No te creo, ni una dureza, ni una piel. Uñas de pies y manos perfectas, no son las de alguien que no se cuida.

– Bueno me cuido lo justo, pero vamos que no me hago pedicuras y demás, son las “ñapas” que me hago en mi casa. A lo que le digo que me los llevo.

Me acerco con él a la caja y mientras está trasteando con el ordenador para cobrarme me dice,

– Supongo que te lo habrá dicho mucha gente, pero tienes una sonrisa preciosa, conservala por mucho tiempo, es difícil toparse con sonrisas así, en los tiempos que corren.

Este tipo desde que he entrado no ha dejado de decirme cositas y como ya os comenté en post anteriores,en estas situaciones no sé cómo comportarme. Supongo que otra mujer habría aprovechado el tirón.

En bajito me dice, a parte del descuento que tienen, te voy a aplicar otro 20% y te regalo una caja de madera para que los conserves. Le agradezco el gesto. Le pago y me da las vueltas y el ticket de la compra.

– Si tienes cualquier problema con ellos, no dudes en venir por aquí. Junto con el ticket me da una tarjeta de la tienda y me señala un móvil y dice:

– Este es mi número por si necesitas cualquier cosa.

Así que ahora estoy con unos zapatos nuevos y el móvil de un dependiente muy follable…

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¿Por qué me siento una Diosa?

Hace tiempo la Dama lo dijo mejor que yo, así que como ni le sobra ni le falta una coma, os plasmo aquí por qué me siento una Diosa;

Lo explico en 10 puntos. En esta primera parte, hablaré sobre el aspecto externo o público de sentirse dama.

– Los 5 primeros…cuando tu dama se manifiesta públicamente:

1- Porque soy consciente del poder que ejerzo con mi físico sobre los hombres y me encanta (ellos no producen el mismo efecto en mí, por muy guapos que sean, pero yo sí que percibo como se doblegan en forma de piropos y miradas).

2- Porque gracias a estos encantos físicos se postran ante mí. Hay muchas maneras de postrarse: abriéndote una puerta, llenándote el vaso de agua cuando está vacío, cediéndote su chaqueta en una noche fría…

3- Porque cuando converso con ellos sobre temas diversos (ya sea política, sociedad, cultura…etc.) se dividen en dos bandos claramente diferenciados, como cuando Moisés separó en dos masas de agua el mar Rojo:

– Los que se sienten intimidados y se alejan y/o te evitan.

– Los que ponen los ojos como platos y se sienten atraídos hacia ti como si además de dama, fueses un imán.

En este segundo grupo, están los adoradores potenciales (o más curtiditos, en busca de damas potenciales o con experiencia). Valoran tu cerebro de dama, pero no pierden de vista tu escote 😉 Tanto en un caso, como en el otro, las grandes seguimos siendo nosotras.

4- El hecho de ser damas, no implica que nos bailen el agua, sino que los auténticos adoradores buscan retarnos, incluso sacarnos de nuestras casillas para engrandecernos más. Les excita nuestra auto superación y por eso nos pondrán a prueba. Nosotras somos las que elegimos cuando, cómo y dónde, pero eso no implica llevar siempre la iniciativa… sería aburrido.

5- Porque la mayor satisfacción existente, es cuando por fin logras hablar sin pelos en la lengua con un adorador sobre el asunto, y hay una declaración de intenciones. Para mí, una relación dama (D)-adorador (A) implica compromiso y fidelidad. Él es exclusivamente mío y sólo me colma de atenciones a mí. ¡Que lo hubiera encontrado antes otra! Por su parte, él sabe de sobra que dama no hay más que una; la suya, o sea YO.

– Los 5 siguientes puntos del decálogo…La Dama “privada”.

6- Odio hacer las tareas de la casa y por eso mismo mi adorador siempre está dispuesto a cumplirlas todas. Es bastante raro que tenga que exigírselo porque, antes de que yo pueda apreciar una mota de polvo, él la habrá hecho historia (limpieza, economía doméstica, compras, lavadoras, plancha…). Es el mejor invento jamás creado por la naturaleza… ¡que le den por saco a la Polti!

7- Es un excelente cocinero y repostero. Sabe cuales son mis platos favoritos y además cumple las labores del mejor de los nutricionistas; dieta sana y equilibrada. No tengo que poner un pie en la cocina (primeramente porque no me da la gana y segundo porque él lo hace gustosamente antes de que yo inspire aire) y él se encarga de poner y quitar la mesa y el lavavajillas. Se mueve como pez en el agua entre los puestos de frutas y verduras y en las grandes superficies comerciales, sabiendo qué comprar al mejor precio pero sin menospreciar la calidad.

8- Me ayuda con las obligaciones del trabajo y/o los estudios y los recados externos más aparatosos. Pasa al ordenador textos y apuntes, elabora documentos e informes por mí y para mí, va a la biblioteca a por los libros que necesito, se ocupa de los asuntos bancarios sin tener que desplazarme, va a la tintorería a recoger mi traje de chaqueta, a comprar el regalo de cumpleaños de mi mejor amiga…

9- Mi adorador no sólo me libera de los deberes más pesados y pringosos, sino que me regala todos los momentos de relax que yo le pida y siempre atiende mis caprichos. Sabe dar masajes corporales con aceites, cremas y geles; después de un duro día fuera de casa, no hay nada mejor que una sesión de caricias completa sobre la cama, con un poco de incienso o un buen baño con sales, espuma y velas… También resulta delicioso un tentempié nocturno y un masaje de pies para olvidar la tortura de los tacones cuando vuelves de juerga con tus amigas una noche de sábado, habiéndose quedado él expresamente en casa para ese menester (a pesar de que podía haberse ido con sus amigos por ahí).

Sabe hacer pedicuras y manicuras, lo que supone un ahorro de tiempo y dinero para su Dama, lava mi cuero cabelludo y me frota el cuerpo con la esponja, hace de mi asesor personal aconsejándome que ropa me queda mejor en función de mis gustos y hasta puede ayudarme a vestirme (siempre que yo lo quiera así, claro está).

Sale de compras conmigo sin rechistar e incluso me obsequia con un montón de regalos (unos vaqueros, una colonia, un conjunto de ropa interior, el último número de rimmel resistente al agua, un CD de música, un libro, una caja de bombones…). Yo no controlo sus cuentas, pues recuerdo que se trata de una persona independiente con su propio espacio, pero son tantos los deseos de complacerme, que tendré las manos llenas de bolsas antes de que me pueda dar cuenta.

10- En el ámbito puramente sexual, que es el protagonista real de este artículo, todo se transforma en cuento… de damas 😉 Mis orgasmos están por encima varios niveles de los suyos propios, por eso mi adorador se caracteriza por ser un AMANTE de pies a cabeza.

Una Dama inconsciente puede disfrutar de las relaciones sexuales, pero cuando conoce a su adorador se transforma de pronto en multiorgásmica porque por fin ha dado con la persona adecuada, dispuesta a adaptarse a lo que REALMENTE como mujer ella desea: sexo oral -5 minutos, 20, 40, una hora, dos horas…-, masturbación, vibradores, consoladores, juegos de roles, posturas, caricias, besos, morbo, deliciosa perversión…¡Está dispuesto a hacer lo que sea! (siempre desde un mutuo acuerdo y sin pasar a la humillación-sumisión extrema en nuestro caso). Su placer es mi placer, por eso no existe el tiempo cuando se trata del goce de su Dama. Yo decido cuando y cómo practicarlo. No me siento obligada a tenerlo ni todas las noches ni una vez al mes…sino cuando me lo pida mi libido.

Mi adorador además, cuida su cuerpo y su figura y siente la necesidad de ajustarse a mis gustos corporales masculinos. Si quiero que se depile, lo hace, si me apetece que tonifique su cuerpo y vaya al gimnasio lo hará también, si deseo que limpie la casa con tan sólo un delantal mostrándome su apetecible cuerpo, no rechistará en hacerlo…claro que cuando haga eso no podré contenerme y tendré que indicarle que deje la fregona y me practique una buena sesión de sexo oral…¡ayyysss! es lo que implica ser una Dama, tendré que proseguir con la lectura de mi revista más tarde y él con la limpieza después.

Pero sin duda alguna, lo mejor de la DF es, que puede tomarse como una forma de vida o como un juego temporal. No es ni mucho menos necesario enfocarlo como una doctrina o algo excesivamente serio. Tan sólo se trata de nuestra diversión y disfrute y por eso cada pareja pone sus normas y elige cuanto tiempo desea practicarla. A mí también me gusta convertirme de vez en cuando en su puta, y ser yo la que le sirva o simplemente no practicar durante un tiempo ningún jueguecito.

Aunque debo confesar, que cuando te encuentras con tu Dama interior, es muy difícil desengancharse del rol, y cada vez te haces más consciente de las ventajas que implica y de lo realizada que te sientes como mujer dominante (y él, encantado de que así sea y sin ganas de parar).

Yo ya he encontrado a mi adorador perfecto….¿y tú?

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