10 Maneras Fáciles de Dominar a tu Marido: FLR para Principiantes

Hola, holita!

Hoy os traigo la traducción de esta entrada, FLR para principiantes. Algunas cosas no estoy muy conforme con ellas pero en la esencia, si.

Evidentemente dónde dice “marido” ponga lo que quiera, novio, novia, chucho, amante, conocido…etc.

En esta ocasión agradecemos la traducción a @SubPsychedelic, good dog!

Aquí la entrada original

¿Lista para algunas maneras fáciles de dominar a tu marido?

Si simplemente estás empezando a experimentar en torno a una female led relationship, necesitarás una buena lista de cosas para dominar a tu marido.

Pero no te preocupes, he recopilado una lista de cosas para intentar convertirlo en tu puta.

Así que si estás lista para divertirte con estos juegos de principiante, sigue leyendo.

Y no lo olvides, el objetivo final es controlarle físicamente, emocionalmente y financieramente!  

1. Hazle hacer las tareas domésticas

La mayoría de las parejas dividen las tareas de la casa

Pero lo que quiero que hagas es que empieces a darle más y más tareas… Hasta que todas las tareas de la casa son suyas.

Empieza con cosas simples como hacerle fregar los platos y aspirar/fregar el suelo.

 

Y entonces progresa lentamente para hacer que también cocine, hasta que haga todo en la casa.

Una cosa que puedes hacer es darle una “lista de tareas”.

Yo prefiero tener una lista física como un trozo de papel de verdad pegado a la pared porque se siente más real así.

2. Di no al sexo

Obviamente, la mejor manera de controlar a tu marido es decir que no al sexo. Wow… Eso acaba de sonar como un anuncio para una clase de educación sexual de instituto jaja.

Pero realmente es exactamente lo que quiero que hagas. Simplemente di no!

Y mantente firme sin importar cuanto te suplique. Quitarle el sexo es un gran movimiento de poder.

Y también es un gran paso hacia la castidad.

Ahora, cuando digo que no al sexo, me refiero al sexo vaginal. Obviamente, darte sexo oral debería estar aún sobre la mesa.

En otras palabras, necesitas entrenarle a poner tus necesidades y tu placer sobre el suyo.

Al controlar el sexo en el matrimonio, ¡le controlas a él!

Además, diciendo que no le estás preparando para la castidad, lo que creo que es un elemento básico de CUALQUIER female led relationship.

3. Hazle preguntar antes de gastar dinero

Otra manera fácil de controlar a tu marido es controlar su dinero.

Y ésta es una buena manera de desmasculinizarle y humillarle.

Hazle pedirte permiso explícito antes de que pueda gastarse nada de nada.

Obviamente no debería pedir permiso para necesidades como comida o ir al supermercado o gasolina.

PERO debería pedirte permiso fuera de eso… Como por ejemplo para comprarse un nuevo reloj o para ir a jugar al golf con sus colegas.

¡Así nos aseguramos de que él sabe quién es la jefa en casa y quién está al mando!

4. Que haga recados por ti

Hacer que tu marido esclavo haga recados por ti (especialmente aquellos que odias) es tremendamente divertido.

Quiero decir, es una cosa simple, pero hay algo realmente empoderante en ello.

Y a veces simplemente es divertido mandarle a un recado “porque sí” incluso si realmente no lo necesitas.

Así que no te cortes de mandarle a recoger cosas a la farmacia o de mandarle a la tintorería o a lavar tu coche. ¡Le entrena a ser obediente y sumiso!

5. Masajes de pies

Una cosa que escucho todo el rato a mis amigos es que sus maridos o novios no cuidan de sus pies.

¡Qué lástima!

Imagino que nunca han salido con un tipo con fetiche de pies 🙂

Pero si tu marido está metido en el femdom o en el cuckolding, entonces ¡probablemente será fetichista de pies también!

¡Esto implica que “hacerle” someterse a tus pies no será difícil!

Adorar los pies de una mujer es una gran muestra de sumisión y servidumbre.

Así que ordénale darte un masaje de pies después de un largo día de trabajo o quizás incluso después de que hayas ido al gimnasio o hayas hecho cardio.

6. Besarte los pies

Parecido a los masajes de pies, haz que tu marido esclavo bese tus pies.

Por ejemplo, puedes hacerle besar tus pies mientras te pone los tacones antes de una sexy cita nocturna.

O puedes hacer algo más arriesgado como poner tus pies en su regazo en una cafetería en público y hacerle que te dé un beso rápido en la planta de tus pies disimuladamente.

¡Acostumbrarle a adorar tus pies (y literalmente la tierra que pisas) es un gran paso para condicionarle a convertirse en tu marido esclavo!

7. Comerte el coño sin que espere nada a cambio

Si tienes un marido “normal”, probablemente tenga una mentalidad de quid pro quo cuando se trate de dar sexo oral o de dar placer en general.

¡PERO tienes que quitarle esa mentalidad! 

DEBES entrenarle para que anhele darte placer a ti.

¡Tu placer es su placer y eso tiene que estar incrustado en su cerebro!

Una cosa a hacer es encerrarle en castidad y hacer que te coma el coño toda la noche.

Esto le entrenará en asociar darte placer con su felicidad

8. Elegir su vestuario

Otra cosa que puedes hacer para desmasculinizarle es elegir su vestuario.

De todas formas la mayoría de hombres tienen un gusto terrible para la moda. Así que esto es lo que tienes que hacer…

Quiero que empieces a elegir su ropa — De todas formas ya le estás controlando las finanzas, ¿verdad? 🙂

Así que empieza a escoger prendas para él. Y si quieres, puedes añadir más colores “femeninos” a su armario como rosa o morado.

¡Y quizás puedas incluso hacer que se ponga unas lindas braguitas para ti debajo de su ropa normal!

9. Juega con su mente en el trabajo

Torturar a tu marido mientras está en el trabajo es una estupenda manera de aumentar tu influencia sobre él.

Por ejemplo, puedes dejarle un mensaje de voz sensual para que haga algo humillante en la oficina para ti como chupar una grapadora como si fuera una polla.

O puedes hacer que se masturbe pensando en ti (pero sin correrse) en el baño.

¡O cuélale tus bragas en su bolsa de la comida y haz que las huela ahí mismo en el suelo!

10. Castígale

Parte del entrenamiento para que tu marido se convierta en un buen esclavo (o cornudo) es el castigo.

Tiene que saber cuándo la ha cagado.

Y es genial tener una lista de castigos de la que ir tirando.

Y los castigos pueden ser una combinación de dolor, calentamiento de polla, o simplemente hacer que haga más tareas.

Por ejemplo, si la caga, puedes azotarle el culo con una pala de madera.

O puedes añadir más días a su castidad.

O puedes hacer que haga algo humillante como besar tus pies en público.

Maneras de Dominar a tu Marido para Principiantes

En resumen, empezar una FLR es una parte nueva y excitante de vuestro matrimonio.

Espero que estas sugerencias te de algunas ideas de cómo divertirte con tu nueva dinámica de matrimonio.

Así que, ¿qué idea es tu favorita? ¿Y cuál tienes más ganas de probar?

¡Déjame la respuesta en los comentarios! 

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El Sueño – Fin

Por sumiso servus

  • Mira, es muy sencillo. Ya te han enseñado el sótano, donde está la lavandería. En la planta baja está el salón, la cocina y un cuarto de baño. – dijo encendiendo con un interruptor la luz en un salón-comedor muy grande.

Como arquitecto y amante de la decoración no pude evitar fijarme en los detalles. La casa estaba repleta de muebles rústicos de estilo antiguo que le daban un aire hogareño y cálido a la casa. El salón mostraba unos bonitos cortinajes y el papel de la pared con estampados conjuntaba muy bien con la gran chimenea que ocupaba un lado de la habitación. 

  • Ahora que hace frío ponemos la chimenea a veces aunque ya te habrás percatado que tenemos calefacción central. Tendrás que estar listo por si la encendemos y limpiar las cenizas después.
  • Sí, Señora.
  • Mañana te daremos todos tus enseres de limpieza. Ahora vamos a la planta superior.

Subiendo las escalera me quedé hipnotizado viendo el movimiento del trasero perfecto de Ama Rebeca. Ese día vino directamente del trabajo que sería seguramente de oficina ya que llevaba una blusa blanca con transparencias y un traje azul marino con una falda de tubo que le quedaba de escándalo. Había rematado el conjunto con unos zapatos de tacón alto que me volvían loco. Tuvo que darse cuenta de mi embeleso ya que al subir a la planta de arriba se giró y riéndose me soltó un: “Anda no mires tanto…”. Pero yo no podía evitarlo, tenía mi libido al máximo.

La planta superior consistía en un dormitorio grande donde dormían ellas, un dormitorio pequeño para “invitados de verdad” (según sus propias palabras) y un despacho donde había una mesa de oficina con un ordenador portátil y estanterías con toda clase de libros. Un cuarto de baño de tamaño considerable completaba la planta. Me llamó la atención la bañera de estilo antiguo que ocupa el centro del cuarto, de un blanco resplandeciente. En toda la casa se respiraba feminidad.

Para acabar, la planta de la buhardilla había sido acondicionado como un pequeño gimnasio con una cinta para correr, una bicicleta elíptica, una bicicleta estática y algunas pesas. Las maquinas daban directamente a unas grandes ventanas desde las que se divisaba un parque cercano. Estaba claro que las vistas eran magníficas. 

La última habitación fue la que más llamó mi atención. El estudio de Ama Paula ocupaba la segunda mitad de la buhardilla de altos techos. Era una habitación completamente hecha de madera que apenas poseía muebles a parte de un armario que contenía pinturas y un espacio junto a las ventanas ocupado por un caballete y un pequeño taburete, exactamente igual a los que ahora ocupaban mi antiguo estudio. Al entrar en aquella habitación me pareció sentir la energía de su propietaria.

  • Bueno, aquí no entres si no te da permiso expreso. Ya ves que no está cerrada pero no creo que le haga mucha gracia verte por aquí dando vueltas…aunque estés limpiando.

Me tuve que quedar un poco confuso porque Ama Rebeca, que con tacones era más alta que yo, me tomó por el mentón con sus preciosos dedos con manicura roja y me hizo mirarla a los ojos.

  • Te habrás dado cuenta que Paula es más dura ¿no? Bueno, somos diferentes, yo soy mayor y me lo tomo todo con más calma aunque no creas que voy a ser blanda contigo.
  • No, Señora, lo entiendo.
  • Tienes una gran oportunidad entre las manos. Eres el primer sumiso que entra aquí desde hace mucho tiempo y no debes desperdiciarla. Te recomiendo que tengas mucho cuidado con Paula. Con el tiempo descubrirás que es muy amante de los castigos corporales ¿eres masoquista? Sé sincero.

Esa pregunta me descolocó. Al fin y al cabo parecía que no sabían tanto de mí como pensaba.

  • La verdad es que no, Señora.
  • Bueno, pues tendrás que aguantar. No va a ser todo coser y cantar. Seguro que puedes soportar unos latigazos…

En ese momento tragué saliva. A pesar de todo no había contado con aquella posibilidad pero pensé que si me aplicaba y lo hacía todo bien no me iba a ocurrir nada.

Después de terminar el tour por la casa me llevó hasta su despacho y me ordenó que me sentara en el suelo frente a Ella. Aquí es donde se notó un poco más su lado humano que tenía a diferencia de su pareja ya que comenzó a hacerme preguntas y acabamos hablando sobre mí. Le conté mi nula experiencia, mis expectativas y mi total entrega a Ellas. Parece que esto le gustó porque pareció muy satisfecha. Me comentó que Ellas era, en efecto, pareja y que se conocían desde hacía unos pocos años pero habían congeniado tan bien que se habían ido a vivir juntas a una casa heredada por Ella. En principio ambas eran lesbianas aunque tenían algunos escarceos heterosexuales permitidos dentro de su relación abierta. “Un cunnilingus de un sumiso no cuenta. Sois como…como objetos sexuales.”

Quería que me sintiera a gusto, al fin y al cabo todo aquello lo hacía por mi voluntad. Me dijo que si tenía algún comentario antes de que empezara mi trabajo allí aquel era el momento para hacerla.

  • Me ha parecido un poco raro que Ama Paula me haya quitado el móvil y las llaves.

Por un momento me pareció ver por primera vez una chispa de rabia en la mirada de Ama Rebeca pero ésta desapareció por una de sus maravillosas sonrisas.

  • Verás, Servus, lo del móvil es para que no te hartes a hacer fotos de nuestra ropa interior u otros. Y respecto a lo de las llaves…¿crees que dejamos a cualquiera entrar en nuestra casa así como así?¿Y si fueras un ladrón?
  • Entiendo, Señora.

¿Cómo iba a escapar con mi botín de aquella casi sin ropa? Por no hablar del control remoto que llevaba en mi pene…

  • Como ya te hemos dicho anteriormente: déjate llevar y no pienses. Ese no es tu cometido, nosotras ya lo haremos por ti. Tú concéntrate en servirnos a la perfección. Y si no lo haces atente a las consecuencias… – No había alterado ni un ápice su sonrisa con aquella amenaza.

Tras unos instantes comenzó a subirse la falda mostrando su desnudez, no llevaba ropa interior. En ese momento tiró de la cadena hacia Ella.

  • Vamos, métete aquí dentro. Puede que pases mucho tiempo debajo de la mesa. – dijo juguetona.

Sintiendo cierto estrangulamiento me dejé hacer y a cuatro patas terminé acuclillado bajo la mesa del estudio, totalmente oculto, entre sus piernas y notando en mis mejillas sus ardientes muslos. La conversación había terminado en sexo…para Ella…porque mi miembro enjaulado parecía que iba a reventar. Empecé a satisfacerla lo mejor que pude, aparentemente nuestra conversación la había excitado de sobre manera y todo abajo estaba ya húmedo. Al rato noté como su respiración se aceleraba y apretaba con fuerza mi cabeza entre sus piernas. En algunos momentos me sentí desfallecer pues aunque la mesa del despacho era grande, aquel era poco espacio para una persona como yo y apenas podía respirar embriagado por sus olores. Con cada intento mío por tomar aire Ella parecía insistir más y más. Cuando más concentrado estaba noté un cosquilleo en mi miembro que empezó a aumentar hasta volverse regular ¡Había activado el modo masaje de aquel trasto infernal! No sé si lo hizo para darme algún tipo de placer a cambio pero aquello lo único que hizo fue que mi miembro intentara con más insistencia crecer infructuosamente dentro de su jaula y me llegó a producir tantas molestias que se me escapaba algún gruñido entre sorbo y chupeteo ¿También la excitaba a Ella verme sufrir o acaso era la sensación de control? Posiblemente ambas cosas.ç

Para cuando paró yo ya había perdido la erección y, mientras se bajaba la falda y me indicaba que bajara a la cocina, pude respirar exhausto y bañado en sudor y flujos. Aquello había sido muy intenso, mucho más de lo que esperaba.

Una vez me hube aseado un poco con un poco de rollo de papel de la cocina volvió a aparecer en escena Ama Paula.

  • Nos vamos a duchar ¿Por qué no nos preparas un par de ensaladas? Tienes todo lo que necesitas en la nevera y en estos cajones. – dijo señalando un mueble – Cenamos aquí en la cocina. Cuando termines déjalo todo sobre la mesa y puedes retirarte por hoy.
  • Perdone, Ama Paula…

Ama Paula que ya se había dado la vuelta, se giró y me dirigió una mirada de enfado.

  • Por esta vez pase pero ni se te ocurra volver a hablar si no se te ha preguntado antes. Este fin de semana eres un muebles más y tienes que pasar desapercibido ¿Has entendido?
  • Sí, Señora.
  • Venga ¿Qué quieres?
  • Tengo algo de hambre ¿Puedo prepararme cena para mí también?

Ama Paula soltó una carcajada malévola como nunca había oído en mujer alguna y dándose la vuelta continuó su camino hacia la escalera de la planta superior. Estaba claro que aquella noche iba a ayunar.

Tras preparar las ensaladas lo mejor que pude, puse la mesa y apagué la luz de la sala. Crucé el pasillo haciendo el mínimo ruido y comencé a bajar las escaleras. Una vez en el que sería mi cuarto aproveché para lavarme un poco la cara y el pelo. Allí no había ventanas pero por unos pequeños tragaluces superiores que estaban a ras de suelo pude comprobar que era de noche.

Me quedé tumbado boca arriba en el camastro comprobando con satisfacción que no era tan incómodo como creía aunque como pensaba, aquella noche me iba a costar pegar ojo por la excitación y por el nuevo cinturón de castidad. Decidí tomar un poco de agua del grifo y dormir hasta el día siguiente boca arriba que sería la mejor postura. 

Me asaltaban muchas dudas ahora que había entrado en la casa y estaba conociendo realmente a las que podrían ser mis dueñas. Estaba conociendo una faceta sádica que me aterraba a priori y empezaba a dudar si sería capaz de aguantar los castigos corporales que amenazaban con aplicar. Pero sin duda no me rendiría tan pronto ante un pequeño inconveniente. Quería salir de allí el domingo con la cabeza bien alta (o baja) como sumiso.

Ya con la luz apagada estaba medio dormido en el camastro cuando vi por el rabillo del ojo como se encendía la luz de la escalera y unos pasos de alguien en zapatillas de andar por casa se acercaban a mí. Al encender la luz de mi celda me giré hacia el lado medio dormido para descubrir a Ama Rebeca en un saltó de cama negro con ribetes rojos, muy sexy. La lencería resaltaba sus abundantes pechos que parecían estallar. Se puso un dedo en los labios indicándome silencio y se acercó. Recogió algo del suelo bajo el camastro y pronto noté el frío del metal de una argolla que se cerraba en mi tobillo izquierdo.

  • Es para sentirnos seguras, sabes…no queremos que haya ninguna sorpresa. Imagínate que te da por subir arriba por la noche. No lo podemos permitir. Anda, duérmete que mañana tendrás trabajo. – dijo acariciando mi cara.

Al quedarme a oscuras y oír como se alejaban sus pasos subiendo la escalera comprendí que me había dejado atrapar y sentí miedo: estaba realmente en poder de aquellas Mujeres.

FIN

Capítulo 1

Quiero agradecer a sumiso servus este magnífico relato…

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El Sueño VII

Por sumiso servus

Por fin me encontraba en la puerta de la casa de ladrillos rojos con la tarjeta que días antes me había entregado Ama Rebeca. Aquella tenía que ser la casa donde vivían.

Me puse firme, respiré profundamente y pulsé el telefonillo de entrada. Mi reloj de pulsera marcaba las seis en punto de la tarde. En unos segundos la puerta exterior se abrió de forma remota y entré en los terrenos. Seguramente me habían visto por la cámara, no había habido ni pregunta ni respuesta.

Una vez dentro cerré la puerta exterior y contemplé por unos instantes los alrededores. Una cerca de unos dos metros y medio, también de ladrillo rojo, cercaba un espacio ajardinado con un par de árboles en las esquinas, algunos arbusto y césped. Justo en el centro se encontraba una coqueta casa de dos plantas y buhardilla. Seguramente también tuviera sótano.

Aunque la planta no era muy grande, si que parecía poder albergar al menos tres habitaciones. El edificio era, como ya he comentado, de estilo inglés, rematado en un tejado a dos aguas algo pronunciado. Dos chimeneas aparecían a los lados aportando una apariencia de simetría. La casa tenía además un gran frontón central no muy lujoso y unas ventanas de grandes dimensiones, verticales, que estaban cubiertas por cortinas de época que apenas dejaban adivinar el interior.

Con paso firme me acerqué a la puerta principal pisando el camino de grava y produciendo el característico ruido de piedrecitas esparciéndose. En cuanto llegué a la puerta esperé pacientemente, no había timbre y no pensaba tocar la aldaba. Quería ser lo más discreto posible.

Pasados unos instantes se abrió el portalón y una voz femenina me indicó que entrara. Al cerrarse la puerta tras de mí vi a Ama Paula que en un chandal de marca de color rosa echaba el pestillo principal.

  • Bien, has sido puntual. – dijo echándome un vistazo – ¿Qué es eso que llevas? – Señaló una pequeña mochila que llevaba a la espalda.
  • Perdone, Señora. Sólo son mis llaves, la cartera y el móvil.

En ese momento ella sonrió de forma enigmática e movió el dedo índice negando.

  • Vamos, quítate la ropa y métela dentro de tu mochila.

La obedecí al instante y mientras me quitaba el atuendo casual que llevaba de pantalones chinos marrones y camisa a cuadros observé la entrada de la casa que no tenía nada de particular. A la izquierda había una escalera que subía directamente a las plantas superiores mientras que a la derecha había un recibidor y un pasillo que llevaba hasta un comedor que se veía al fondo. Algunos reproducciones de maestros impresionistas colgaban de las paredes.

Una vez hube metido toda mi ropa en la mochila Ama Paula me la arrancó de las manos.

  • Esto te lo devolveremos el domingo por la tarde. Nada de móvil ni distracciones en casa.

Yo me quedé un poco conmocionado por esto pero acerté a comentar que también había traído el cuaderno rojo que me había regalado Ama Rebeca. Rebuscando en la mochila a regañadientes lo sacó junto con un bolígrafo y lo colocó encima de la escalera para a continuación darse la vuelta y avanzar por el pasillo hasta la puerta de un armario donde depósito mi mochila y cerró con una de las llaves que le colgaban del cuello. Al volver se quedó ante mí plantada y sonriendo tomó mi cabeza  tirando hacia abajo me dio a entender que me arrodillara, cosa que hice al instante.

  • Así está mejor. – dijo al ver que ahora era Ella la que me miraba con superioridad desde arriba – Vamos, saluda como es debido.

Sin dudarlo me incliné y besé sus zapatillas blancas de deporte.

  • Espera aquí un momento, ahora mismo vengo.

Me quedé de rodillas mirando a la moqueta verde que cubría toda la planta de la casa, en la entrada. Al poco volvió y sentí, sin atreverme a levantar la cabeza, como me ataba un collar al cuello. A continuación enganchó una correa metálica de eslabones y me ordenó levantarme.

  • Primero te voy a enseñar la habitación de invitados. – dijo jocosamente

Al pasar por delante de un espejo, a medida que avanzábamos por el pasillo, me vi reflejado en un espejo y vi que me había colocado un sencillo collar negra sin placa. Después fui informado de que sería mi collar de prueba durante el fin de semana. Llegamos a otra puerta y comenzamos a bajar unas escaleras. Aquí y en todo el sótano que apareció las paredes mostraban los ladrillos, no tenían ni decoración ni mucho menos el papel pintado que adornaban la planta baja. El sótano se dividía en dos habitaciones sin puertas y varios armarios empotrados. Ama Paula me mostró la habitación de la derecha que era la lavandería: una lavadora, secadora, tabla de planchado y cuerdas para secar la ropa. A la izquierda se encontraba la que sería mi habitación durante el fin de semana.

Decir que la habitación era espartana sería decir poco pero al final resultó no estar tan ma: una especie de celda sin barrotes. En una esquina había un plato de ducha sencillo pero con agua fría y caliente, cerrado por una cortina. Junto a él y sin separación con el resto de la celda había un lavamanos y una taza del wáter. Por último, una sencilla cama individual de 90 cm. Sin sábanas pero con una manta recia sobre el colchón. Es verdad que en el sótano la calefacción era más débil que en el resto de la casa pero esperaba no pasar frío.

  • ¿Qué? ¿Te gusta tu habitación?
  • Gracias, Señora. Es muy bonita.
  • Seguro… – dijo sin creerme – El paraíso de un esclavo fetichista. – Me pregunté si ella creía que yo era justamente eso…

La verdad es que me sorprendió el sótano, no sé por qué esperaba una especie de mazmorra con la típica cruz de San Andrés…malditas fantasías fetichistas…aquello era un sótano “casi normal”. Tras quitarme la correa me dejó en la habitación un instante y volvió del pasillo con la típica pastilla de jabón en la mano.

  • Ahora voy a quitarte el cinturón de castidad y quiero que te limpies tu “micropolla” bien con esto. Sécate con esa toalla.

¡El cinturón de castidad! Con toda la excitación de la llegada a la casa y el miedo de meter la pata casi ni me acordaba de aquel artilugio que me había tenido en vela toda la semana y que me mantenía hiperexcitado en castidad.

Tras haberme liberado y bajo su atenta mirada entré en la ducha y me limpié a conciencia. Antes de ir a la casa ya me había duchado pero es verdad que con el cinturón no podía limpiarme del todo mis partes pudientes. Fue un placer sentir el agua templada pero tuve cuidado de no tardar mucho para no impacientarla. Ya no tenía reloj así que allí abajo no sabría que hora era.

  • Venga, ven aquí. – dijo señalando el suelo justo antes de ella.

Pronto iba a averiguar que deseaba más de mí. 

  • Rebeca es una amante de la tecnología y los trastos tecnológicos – dijo mientras me rociaba con el spray que me atontaba el miembro y sacaba unos electrodos que me colocaba a ambos lados de mi ya flácido pene.

De estos electrodos salían dos fuertes cables de color violeta que a su vez pasaban perfectamente por la funda de un nuevo cinturón de castidad que me colocó. Una vez estuve encerrado de nuevo y con los cables saliendo de la parte trasera de la funda, sacó de una bolsa una especie de cinturón negro con una caja negra que me ató a la cintura y, que conectó a los cables. Para terminar, me puso un candado pequeño que cerró con una de las llaves de su colgante.

  • Te estarás preguntando qué son todos estos aparatos…bueno, tú preocúpate que no se te caigan y no te lo quites ni para dormir…es resistente al agua, no te preocupes…al principio te parecerá un poco incómodo pero te acostumbrarás…todos los hacen. – dijo mientras me pillaba mirando mi nuevo cinturón de castidad.
  • Vamos, no te quedes mirando como un tonto ¿Ves? – dijo sacando el móvil y enseñándome una aplicación también de color violeta – Esto servirá para que nosotras te corrijamos cada vez que te equivoques, es la mar de útil y al final seguro que lo disfrutas.

Con el tiempo sabría que se trataba de un juguete diabólico llamado Lover-2000 consistente en un aparato que proporciona leves vibraciones o descargas a distancia, controlado por una aplicación móvil. Un juguete caro que se podía convertir en una herramienta útil en manos de la domadora adecuada.

  • Espera que quiero probarlo – dijo pulsando unos botones y terminando por mirarme a los ojos.

En ese momento recibí una descarga que me hizo ver las estrellas y contrayéndome, puse automáticamente mis manos sobre el cinturón de castidad. Recibí un tortazo que me aturdió, empecé a conocer el verdadero lado sádico de Ama Paula, si es que no lo había sentido antes…

  • ¡No te toques!

De un tirón de la correa que me había vuelto a enganchar tiró de mi y me llevó al piso superior hasta la cocina que era espaciosa y bastante moderna. Una mesa grande ocupa el espacio central y sentándose en un taburete me ordenó arrodillarme frente a ella. Fue en ese momento cuando llegó Ama Rebeca y abrazándola por detrás, le dio un pico a Ama Paula.

  • Ya tenemos aquí a nuestro gusanito, por lo que veo. – Volví a sentir orgullo y cariño cuando me revolvió el pelo como a una mascota.
  • Ya lo he dejado listo. Tal y como me pediste. Funciona perfectamente.
  • ¡Qué bien! – dijo Ama Rebeca con una sonrisa – ¿Le has explicado en qué va a consistir el fin de semana?

Aprovecharon ese momento para explicarme en qué consistiría mi rutina aquellos dos días. Me quedaría a dormir con ellas (es un decir) viernes y sábado. El domingo se me evaluaría finalmente y la semana que viene decidirían si he superado o no la prueba. El fin de semana tendría que realizar las tareas de la casa que me fueran ordenando aunque en general consistía en pasar la aspiradora, poner lavadoras, limpiar el polvo e incluso preparar la comida. Mañana me encontraría una lista con todos los quehaceres en la cocina que a partir de ahora sería mi reino.

No puedo evitar pensar que me decepcionó un poco que no se incluyera ninguna actividad de índole sexual en mi desempeño aunque guardaba la esperanza que algo ocurriera antes o después pues mi excitación estaba llegando a niveles altísimos. Sabía que nunca podría tener relaciones con ninguna de mis Amas pero ansiaba poder desahogarme de alguna forma tras cinco días en castidad. Entendedme, cinco días en castidad son muchos días para un “pajillero” acostumbrado a masturbarse a diarios varias veces. Pero mis orgasmos ya no me pertenecían, y eso lo iba a aprender a golpe de fusta. Decidí intentar seguir sus órdenes al pie de la letra y hacerlo lo mejor posible. 

  • Dormirás y te asearás abajo. Sólo entrarás en los dormitorios y cuartos de bajo de arriba para limpiar y ordenar, y cuidado, tenemos cámaras. No quiero que curiosees. – dijo Ama Paula mirando de reojo.
  • Tranquila Paula, seguro que lo hace muy bien ¿Verdad, gusano?
  • Sí, Ama.  – dije mirando al suelo
  • Así me gusta – dijo Ama Rebeca – Tienes que demostrarnos de qué pasta estás hecho. Ahora te vienes conmigo que voy a enseñarte el resto de la casa para que no te pierdas mañana ji, ji, ji. Vas a tener un día muuuuuuuy ajetreado. – Terminó guiñándome un ojo y dándome un leve tirón de la correa mientras todavía me estaba incorporando.

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

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Atrévete

Hacemos un alto en el camino con el relato de servus y seguimos con la colaboración de @turroncita. Traducido por g{A.M.}

El primer día en que nos conocimos, me invitaste a cenar a un restaurante en el que pagaste por nuestra cena más de lo que yo pagaba por el alquiler de mi apartamento. Durante todo el tiempo te comportaste como un caballero; inteligente, divertido y muy obstinado.

Después, te ofreciste a llevarme a “Atrévete” (un club de swingers) y a darme un masaje.

No me atreví… todavía…

En cambio, me llevaste a tu casa y me pediste que me cambiara, que fuera tu Dómina.

Fue la primera vez que hacía ese papel y me di cuenta de que me encantaba. Siempre te estaré agradecida por esa oportunidad.

Levanté la cabeza, respiré hondo y me senté en uno de tus cómodos sillones.

Tú estabas expectante.

Sonreí y dije: ¿A qué estás esperando, estúpida perra?

Inmediatamente te arrodillaste y me pediste permiso para quitarme los zapatos. Empezaste a masajear y a besar mis pies. Nunca había sentido un placer tan grande. Me chupaste los dedos de los pies uno a uno mientras me mirabas con cara traviesa.

Me gustaría que me sirvas un trago y que te vistas como una puta, dije.

Me trajiste mi bebida y fuiste a cumplir mi orden.

Tardaste un poco volver, pero cuando lo hiciste parecías una puta barata y gorda. Incluso llevabas zapatos de tacón alto y los labios un poco pintados. Traté de evitarlo pero me reí. Miraste hacia abajo y preguntaste: ¿La he decepcionado, Milady?

No puedo explicar con que facilidad me excité viéndote allí, humillado con la cabeza gacha.

Tomé tu rostro entre mis manos y te besé como si ese momento fuera el final de nuestras vidas. Te mordí los labios ferozmente.

Te hice inclinarte sobre la mesa y comencé a azotarte suavemente. Tu aliento me guiaba para regular la fuerza de mis golpes..

Esa noche torturé tu cuerpo como quise. Para ser mi primera vez como Dómina, me permitiste probar muchas cosas diferentes. Aun siendo tan principiante, te mordí, te arañé y te escupí. Te hice lamerme el coño mientras te estiraba del cabello y me encantó.

Gracias a ti, entendí cómo se siente dominando y jugando con el cuerpo de otra persona. Me gustó aquella sensación de poder.

Nuestra amistad fue una de las mejores relaciones BDSM que he tenido.

Un día, te pedí que me llevaras a “Atrévete”.

Allí, tuve sexo con otros hombres mientras tú estabas arrodillado, mirándonos. Fuimos allí muchas veces hasta que un día decidí que quería cumplir otra de mis fantasías; te pedí que te pusieras a cuatro patas y que chuparas pollas a petición mía. Todas estas noches en “Atrévete” siempre terminaban en tu casa, abrazados y riéndonos. Siempre te permitía lamer mi clítoris y proporcionarme intensos orgasmos.

Fue un período interesante en el que me permitiste llevar la iniciativa… y siempre te estaré agradecida por tu dedicación.

Sin embargo, un leopardo no puede cambiar sus manchas para siempre y de un día para otro los roles cambiaron en nuestra relación. Recuerdo el momento exacto en el que me pusiste de nuevo en el papel de sumisa.

Estábamos cenando en un restaurante chino y jugando con nuestros pies por debajo de la mesa. Estaba tratando de pisar tu polla con mis tacones, y de repente, me quitaste el zapato, te acercaste a mí y me dijiste: ¿Y ahora qué, traviesilla? Me quedaré tu zapato y todos verán la sucia puta que eres.

Vi algo diferente en tus ojos y me di cuenta de que ya no era la Dómina.

Ese día, cuando fuimos a “Atrévete”, lo primero que hiciste fue mostrar las marcas en mi cuerpo (hechas por mi Tutor la semana anterior) y explicar a la gente que había que era masoquista. Cogiste una fusta y empezaste a usarla delante de todos hasta que la rompiste.

Me ayudaste a hacer realidad algunas de mis fantasías más oscuras y te recordaré por eso.

EN INGLÉS

The first day we met, you invited me for dinner to a restaurant where you paid for our dinner more than I used to pay for the rent of my apartament at the time. You were a gentleman the whole time. Smart, funny and very opinionated.

Then, you offered to take me to “Atrevete” (a swingers club) and give me a massage.

I did not dare… yet…

Instead, you took me to your place and asked me to switch, to be a Dom for you.

That was the first time I played that role and realised that I loved it. I will always be grateful for that opportunity.

I held my head up, took a deep breath and did sit in one of your comfy armchairs.

You were there, expectant.

I smiled and said: What are you waiting for stupid bitch?

You kneeled inmediately and asked for permission to take my shoes off. You started massaging and kissing my feet. I never felt such a great pleasure before. You leaked my toes one by one while looking at me with a naughty face.

I would like you to serve me a drink and go dress as a whore for me today, I said.

I got my drink and you went to comply with my command.

It took you a while to come back but when you did you where looking like a cheap, fat, prostitute. You were even wearing high heels and had some lipstick on. I tried to avoid it but I laughed. You looked down and asked: Did I dissapoint you, Milady?

I cannot explained how I did turn on so easily by looking at you there, humiliated with your head down.

I took your face with my hands and I kissed as if that moment was the last moment of our lives. I did bit your lips, fiercly.

I made you bend on the table and started to spank you softly. Your breath was guiding me on when to go harder.

That night, I tortured your body as I wished. To be my first time as a Domina, you allowed me to try very different things. Being so primal myself I did bite, scratched, spitted on you.

I made you lick my pussy while I was stretching your hair and I loved it.

Thanks to you, I understood how it feels to be the Top and play with other person’s body. I liked the power feeling.

Our friendship was one of the best BDSM relationships I have had.

One day, I asked you to bring me to “Atrevete”.

There, I has sex with other men while you were there kneeling, looking at us. We went there many times until one day I decided I wanted to accomplish one of my fantasies. I asked you to go on your four and suck cocks there at my request. All these nights at Atrevete always ended at your place, cuddling and laughing. Every time I did allow you to lick my clit and provide me with intense orgasms.

It was an interesting period of time where you allowed me to take the lead…and I will always be thankful for your dedication.

However, a leopard cannot change its spots forever and from one day to the other roles switched in our relationship. I do remember the exact moment where you put me back into the sub role.

We were having dinner in a chinese restaurant. We were playing with our feet under the table. I was trying to step in your cock with my high heels. And suddenly, you took my shoe off, got closer to me and said: Now what, naughty girl? I will keep your shoe and everyone in here will notice the dirty slut you are.

I saw something different in your eyes and I noticed that I was not the Dom in the picture anymore.

That day, when we went to “Atrevete”, the first thing you did was to show the marks in my body (made by my Tutor the week before) and explain to the people there how I was a masochist. You took a riding crop and started using it on me in front of everyone until you broke it.

You helped me to make real some of my darkest fantasies and I will remember you for that.


 

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