El Sueño – Fin

Por sumiso servus

  • Mira, es muy sencillo. Ya te han enseñado el sótano, donde está la lavandería. En la planta baja está el salón, la cocina y un cuarto de baño. – dijo encendiendo con un interruptor la luz en un salón-comedor muy grande.

Como arquitecto y amante de la decoración no pude evitar fijarme en los detalles. La casa estaba repleta de muebles rústicos de estilo antiguo que le daban un aire hogareño y cálido a la casa. El salón mostraba unos bonitos cortinajes y el papel de la pared con estampados conjuntaba muy bien con la gran chimenea que ocupaba un lado de la habitación. 

  • Ahora que hace frío ponemos la chimenea a veces aunque ya te habrás percatado que tenemos calefacción central. Tendrás que estar listo por si la encendemos y limpiar las cenizas después.
  • Sí, Señora.
  • Mañana te daremos todos tus enseres de limpieza. Ahora vamos a la planta superior.

Subiendo las escalera me quedé hipnotizado viendo el movimiento del trasero perfecto de Ama Rebeca. Ese día vino directamente del trabajo que sería seguramente de oficina ya que llevaba una blusa blanca con transparencias y un traje azul marino con una falda de tubo que le quedaba de escándalo. Había rematado el conjunto con unos zapatos de tacón alto que me volvían loco. Tuvo que darse cuenta de mi embeleso ya que al subir a la planta de arriba se giró y riéndose me soltó un: “Anda no mires tanto…”. Pero yo no podía evitarlo, tenía mi libido al máximo.

La planta superior consistía en un dormitorio grande donde dormían ellas, un dormitorio pequeño para “invitados de verdad” (según sus propias palabras) y un despacho donde había una mesa de oficina con un ordenador portátil y estanterías con toda clase de libros. Un cuarto de baño de tamaño considerable completaba la planta. Me llamó la atención la bañera de estilo antiguo que ocupa el centro del cuarto, de un blanco resplandeciente. En toda la casa se respiraba feminidad.

Para acabar, la planta de la buhardilla había sido acondicionado como un pequeño gimnasio con una cinta para correr, una bicicleta elíptica, una bicicleta estática y algunas pesas. Las maquinas daban directamente a unas grandes ventanas desde las que se divisaba un parque cercano. Estaba claro que las vistas eran magníficas. 

La última habitación fue la que más llamó mi atención. El estudio de Ama Paula ocupaba la segunda mitad de la buhardilla de altos techos. Era una habitación completamente hecha de madera que apenas poseía muebles a parte de un armario que contenía pinturas y un espacio junto a las ventanas ocupado por un caballete y un pequeño taburete, exactamente igual a los que ahora ocupaban mi antiguo estudio. Al entrar en aquella habitación me pareció sentir la energía de su propietaria.

  • Bueno, aquí no entres si no te da permiso expreso. Ya ves que no está cerrada pero no creo que le haga mucha gracia verte por aquí dando vueltas…aunque estés limpiando.

Me tuve que quedar un poco confuso porque Ama Rebeca, que con tacones era más alta que yo, me tomó por el mentón con sus preciosos dedos con manicura roja y me hizo mirarla a los ojos.

  • Te habrás dado cuenta que Paula es más dura ¿no? Bueno, somos diferentes, yo soy mayor y me lo tomo todo con más calma aunque no creas que voy a ser blanda contigo.
  • No, Señora, lo entiendo.
  • Tienes una gran oportunidad entre las manos. Eres el primer sumiso que entra aquí desde hace mucho tiempo y no debes desperdiciarla. Te recomiendo que tengas mucho cuidado con Paula. Con el tiempo descubrirás que es muy amante de los castigos corporales ¿eres masoquista? Sé sincero.

Esa pregunta me descolocó. Al fin y al cabo parecía que no sabían tanto de mí como pensaba.

  • La verdad es que no, Señora.
  • Bueno, pues tendrás que aguantar. No va a ser todo coser y cantar. Seguro que puedes soportar unos latigazos…

En ese momento tragué saliva. A pesar de todo no había contado con aquella posibilidad pero pensé que si me aplicaba y lo hacía todo bien no me iba a ocurrir nada.

Después de terminar el tour por la casa me llevó hasta su despacho y me ordenó que me sentara en el suelo frente a Ella. Aquí es donde se notó un poco más su lado humano que tenía a diferencia de su pareja ya que comenzó a hacerme preguntas y acabamos hablando sobre mí. Le conté mi nula experiencia, mis expectativas y mi total entrega a Ellas. Parece que esto le gustó porque pareció muy satisfecha. Me comentó que Ellas era, en efecto, pareja y que se conocían desde hacía unos pocos años pero habían congeniado tan bien que se habían ido a vivir juntas a una casa heredada por Ella. En principio ambas eran lesbianas aunque tenían algunos escarceos heterosexuales permitidos dentro de su relación abierta. “Un cunnilingus de un sumiso no cuenta. Sois como…como objetos sexuales.”

Quería que me sintiera a gusto, al fin y al cabo todo aquello lo hacía por mi voluntad. Me dijo que si tenía algún comentario antes de que empezara mi trabajo allí aquel era el momento para hacerla.

  • Me ha parecido un poco raro que Ama Paula me haya quitado el móvil y las llaves.

Por un momento me pareció ver por primera vez una chispa de rabia en la mirada de Ama Rebeca pero ésta desapareció por una de sus maravillosas sonrisas.

  • Verás, Servus, lo del móvil es para que no te hartes a hacer fotos de nuestra ropa interior u otros. Y respecto a lo de las llaves…¿crees que dejamos a cualquiera entrar en nuestra casa así como así?¿Y si fueras un ladrón?
  • Entiendo, Señora.

¿Cómo iba a escapar con mi botín de aquella casi sin ropa? Por no hablar del control remoto que llevaba en mi pene…

  • Como ya te hemos dicho anteriormente: déjate llevar y no pienses. Ese no es tu cometido, nosotras ya lo haremos por ti. Tú concéntrate en servirnos a la perfección. Y si no lo haces atente a las consecuencias… – No había alterado ni un ápice su sonrisa con aquella amenaza.

Tras unos instantes comenzó a subirse la falda mostrando su desnudez, no llevaba ropa interior. En ese momento tiró de la cadena hacia Ella.

  • Vamos, métete aquí dentro. Puede que pases mucho tiempo debajo de la mesa. – dijo juguetona.

Sintiendo cierto estrangulamiento me dejé hacer y a cuatro patas terminé acuclillado bajo la mesa del estudio, totalmente oculto, entre sus piernas y notando en mis mejillas sus ardientes muslos. La conversación había terminado en sexo…para Ella…porque mi miembro enjaulado parecía que iba a reventar. Empecé a satisfacerla lo mejor que pude, aparentemente nuestra conversación la había excitado de sobre manera y todo abajo estaba ya húmedo. Al rato noté como su respiración se aceleraba y apretaba con fuerza mi cabeza entre sus piernas. En algunos momentos me sentí desfallecer pues aunque la mesa del despacho era grande, aquel era poco espacio para una persona como yo y apenas podía respirar embriagado por sus olores. Con cada intento mío por tomar aire Ella parecía insistir más y más. Cuando más concentrado estaba noté un cosquilleo en mi miembro que empezó a aumentar hasta volverse regular ¡Había activado el modo masaje de aquel trasto infernal! No sé si lo hizo para darme algún tipo de placer a cambio pero aquello lo único que hizo fue que mi miembro intentara con más insistencia crecer infructuosamente dentro de su jaula y me llegó a producir tantas molestias que se me escapaba algún gruñido entre sorbo y chupeteo ¿También la excitaba a Ella verme sufrir o acaso era la sensación de control? Posiblemente ambas cosas.ç

Para cuando paró yo ya había perdido la erección y, mientras se bajaba la falda y me indicaba que bajara a la cocina, pude respirar exhausto y bañado en sudor y flujos. Aquello había sido muy intenso, mucho más de lo que esperaba.

Una vez me hube aseado un poco con un poco de rollo de papel de la cocina volvió a aparecer en escena Ama Paula.

  • Nos vamos a duchar ¿Por qué no nos preparas un par de ensaladas? Tienes todo lo que necesitas en la nevera y en estos cajones. – dijo señalando un mueble – Cenamos aquí en la cocina. Cuando termines déjalo todo sobre la mesa y puedes retirarte por hoy.
  • Perdone, Ama Paula…

Ama Paula que ya se había dado la vuelta, se giró y me dirigió una mirada de enfado.

  • Por esta vez pase pero ni se te ocurra volver a hablar si no se te ha preguntado antes. Este fin de semana eres un muebles más y tienes que pasar desapercibido ¿Has entendido?
  • Sí, Señora.
  • Venga ¿Qué quieres?
  • Tengo algo de hambre ¿Puedo prepararme cena para mí también?

Ama Paula soltó una carcajada malévola como nunca había oído en mujer alguna y dándose la vuelta continuó su camino hacia la escalera de la planta superior. Estaba claro que aquella noche iba a ayunar.

Tras preparar las ensaladas lo mejor que pude, puse la mesa y apagué la luz de la sala. Crucé el pasillo haciendo el mínimo ruido y comencé a bajar las escaleras. Una vez en el que sería mi cuarto aproveché para lavarme un poco la cara y el pelo. Allí no había ventanas pero por unos pequeños tragaluces superiores que estaban a ras de suelo pude comprobar que era de noche.

Me quedé tumbado boca arriba en el camastro comprobando con satisfacción que no era tan incómodo como creía aunque como pensaba, aquella noche me iba a costar pegar ojo por la excitación y por el nuevo cinturón de castidad. Decidí tomar un poco de agua del grifo y dormir hasta el día siguiente boca arriba que sería la mejor postura. 

Me asaltaban muchas dudas ahora que había entrado en la casa y estaba conociendo realmente a las que podrían ser mis dueñas. Estaba conociendo una faceta sádica que me aterraba a priori y empezaba a dudar si sería capaz de aguantar los castigos corporales que amenazaban con aplicar. Pero sin duda no me rendiría tan pronto ante un pequeño inconveniente. Quería salir de allí el domingo con la cabeza bien alta (o baja) como sumiso.

Ya con la luz apagada estaba medio dormido en el camastro cuando vi por el rabillo del ojo como se encendía la luz de la escalera y unos pasos de alguien en zapatillas de andar por casa se acercaban a mí. Al encender la luz de mi celda me giré hacia el lado medio dormido para descubrir a Ama Rebeca en un saltó de cama negro con ribetes rojos, muy sexy. La lencería resaltaba sus abundantes pechos que parecían estallar. Se puso un dedo en los labios indicándome silencio y se acercó. Recogió algo del suelo bajo el camastro y pronto noté el frío del metal de una argolla que se cerraba en mi tobillo izquierdo.

  • Es para sentirnos seguras, sabes…no queremos que haya ninguna sorpresa. Imagínate que te da por subir arriba por la noche. No lo podemos permitir. Anda, duérmete que mañana tendrás trabajo. – dijo acariciando mi cara.

Al quedarme a oscuras y oír como se alejaban sus pasos subiendo la escalera comprendí que me había dejado atrapar y sentí miedo: estaba realmente en poder de aquellas Mujeres.

FIN

Capítulo 1

Quiero agradecer a sumiso servus este magnífico relato…

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2 opiniones en “El Sueño – Fin”

    1. Me ha parecido un maravilloso relato y me ha hecho sentir la necesidad de llegar a ese estado de servidumbre y esclavitud. Me encantaría encontrar semejantes Dóminas a quien servir y obedecer. Gracias servus por tu relato y gracias a la Señora I por publicarlo.

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