Amanece que no es poco.

La despierta un pequeño rayo de luz que entra por una rendija de la persiana, abre los ojos lentamente y mira a su alrededor. Bragas, sujetador, calzoncillos, calcetines, medias, un tacón…la resaca de una noche de boleros. A su derecha está él, duerme boca arriba plácidamente.

Ella se incorpora y posa en su cara un pecho, dibuja sus labios con el pezón, él emite un leve sonido y saca una sonrisa. Abre la boca para sacar la lengua y lamer su pezón. En ese mismo instante nota un hilillo de saliva que cae desde arriba. En una postura no muy cómoda consigue que su pecho sea una especie de tobogán por donde baja la saliva hasta su boca.

Su erección empieza a ser palpable, ella se escurre entre las sabanas y le proporciona una felación.

.- I… me voy.

.- No querido, antes has de hacer el desayuno.

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